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Sinopsis de EL MAL DE PORTNOY

Junto a Herzog, de Saul Bellow, El mal de Portnoy (1967) define la literatura estadounidense de origen judío de los años sesenta. Esta obra maestra, quizá la que le dio a su autor un lugar que aún no ha abandonado en el Parnaso de los escritores americanos, transcurre en la consulta de un psicoanalista, un sitio muy apropiado para una novela insana sobre la experiencia judía. Su protagonista, Alex Portnoy, lleno de deseos que repugnan a su conciencia y de una conciencia que repugna a sus deseos, nos cuenta su vida en un monólogo hilarante: la infancia y adolescencia marcadas por unos padre de moralidad estricta y por tanto, transcurrida en su mayor parte en un encierro voluntario en el cuarto de baño; y la madurez, no muy lejana a sus etapas anteriores gracias a la obsesión que vertebra su vida, el sexo, casi siempre practicado con muchachas gentiles, como si penetrándolas pudiera entrar en su ambiente social,"como si follando quisiera descubrir América. Conquistar América"."Roth es el escritor más valiente de Estados Unidos. Es moralmente valiente, políticamente valiente. Y Portnoy es parte de esa valentía."CYNTHIA OZICK

Año de publicación:2012

3 reseñas sobre el libro EL MAL DE PORTNOY

Alexander Portnoy se sienta en el diván de un psicoanalista y analiza su vida mediante un larguísimo monólogo que es dramático e hilarante en partes iguales. Hijo de un vendedor de seguros judío, moralista y estreñido y de una madre castradora (judía pelirroja de origen polaco), es el chico sobresaliente de la escuela pero un desubicado en el mundo tanto de los judíos de Newark como en el de los gentiles. Son verdaderamente hilarantes y surrealistas sus aventuras sexuales: empezando por sus casi imparables masturbaciones en el baño de su casa, como en la escuela y el bus y terminando con diversos affaires con mujeres no judías, siendo el más divertido el que narra con una rubia al que Portnoy apoda The Monkey (La mona). Especialmente interesante es su viaje a Israel donde por primera vez ve solo judíos, como los de su natal Newark, pero donde el antisemitismo es una ausencia que Portnoy siente extraña, inusual, casi milagrosa, es que el racismo antisemita está tan arraigado en su persona que no verlo, ni sentirlo, se convierte un sueño casi surreal. El tremendo desprecio de Roth por las religiones (una constante en su obra) aparece una vez más aparece en este libro. Portnoy comenta que le parece un contrasentido que los cristianos adoren paganamente a un Cristo judío y al mismo tiempo desprecien y aborrezcan a la raza judía. En resumen, El mal de Portnoy (más bien El lamento de Portnoy), es una novela sobre los frustrados intentos de pertenencia y ubicación en un mundo donde muchos que nos sentimos extraños e incapaces de encontrar un lugar donde ser uno mismo.


Fueron suficientes un par de días para terminar con este monólogo febril; ya la nota preliminar anuncia el ingreso a la mente de una persona desequilibrada, de modo que el lector asume el rol de un psicoanalista en consulta, escuchando pacientemente el relato que Alexander Portnoy hace de su vida: las experiencias infantiles, el ámbito familiar, los conflictos del crecimiento y la adolescencia entorno al desarrollo sexual y la fijación de la identidad, la obsesión del adulto que se debate entre la búsqueda de placer sexual y su frustración ante la soledad y el remordimiento, constituyen el material sobre el cual gira la trama. Portnoy cuenta los hechos con sensibilidad capaz de conmover o de hacer reír, pasando sus vivencias por el tamiz de un humor lúcido y desgarrador, así, reflexiona sobre la adaptación de los judíos a la sociedad capitalista norteamericana, dejando ver la tensión entre los valores morales y tradiciones de su raza, que se le antojan excesivos, limitantes, anquilosados, y la flexibilidad de los principios y costumbres, más pragmáticos o utilitarios con los que se rigen los gentiles, bajo el dominio de la moral cristiana, a la que no deja de criticar como producto de una religión sin fundamentos. En su urgente necesidad de satisfacer el deseo sexual, no encuentra mujer que esté a su altura, todas ellas gentiles, lo mismo rechaza a una mujer normal con educación que a la más complaciente de las zorras: huye de las primeras para atormentarse con el recuerdo de lo que ha perdido, se aferra a las segundas, para degradarse hasta límites imposibles, despreciando su banalidad y su ignorancia. Este personaje incapaz de amar, que ni quiere ni es querido, es un auténtico desgraciado que sucumbe a su propia conciencia, es otro ser como muchos de los que pueblan el mundo contemporáneo: lleva también a cuestas una existencia artificial y sin sentido, una hermosa fachada de apariencias basada en el placer, donde no hay sitio para la felicidad.


La culpa es el motivo que inspira a Portnoy a recorrer la relación con sus padres y las mujeres.


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