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LITERATURA CONTEMPORÁNEA

¿QUIÉN SE HARÁ CARGO DEL HOSPITAL DE RANAS?

LORRIE MOORE

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Sinopsis de ¿QUIÉN SE HARÁ CARGO DEL HOSPITAL DE RANAS?

Berie y Daniel están de viaje en París. Son un matrimonio anquilosado, comparten una serie de instrucciones implícitas que intentan evitar peleas, o al menos mitigarlas. En una cena, entre bocados de seso y copas de vino, Berie intenta recordar, como si existiera una suerte de reflejo proustiano, su adolescencia en Horsehearts, la casa invadida por exóticas visitas, la estricta convivencia con sus padres y su querido hermano Claude, su trabajo como cajera en el parque de diversiones Storyland y, sobre todo,su amistad con la encantadora Silsby Chaussée. Con un sagaz sentido del humor, Lorrie Moore construye una historia conmovedora que se detiene en el momento exacto en que una niña se convierte en mujer, ese tiempo en el que todo es una posibilidad y la amistad dura para siempre.}

12 reseñas sobre el libro ¿QUIÉN SE HARÁ CARGO DEL HOSPITAL DE RANAS?

“¿Qué otra cosa puede hacer la memoria? No puede hacer nada: pretende comerse la metralla de tus actos pero no puede ni masticar ni tragar”. ¿Cuántas veces recordamos nuestra infancia, nuestra adolescencia y nos gustaría tener el poder de cambiar alguno de esos recuerdos? ¡Podría subrayar esta frase tantas veces! Es de ¿Quién se hará cargo del hospital de ranas? de Lorrie Moore y forma parte de los pensamientos de Berie, una mujer de unos 40 años que se encuentra de viaje en Paris junto a su marido. Durante el viaje, nuestra protagonista recuerda su adolescencia en el pueblo donde vivió: Horsehearts y nos presenta a su familia, su música, sus miedos. Pero sobre todo, nos comparte una de las mejores experiencias que tiene la vida: la amistad en la adolescencia. Allí conocemos a su mejor amiga, Sils, a quien mira con idolatría y devoción: “Éramos tontas, pero queríamos cosas: verano, noches, tragos, brisa en los brazos, la intensidad dolorosa de la música, o los caminos silenciosos y sin autos a orillas del lago, más allá de los estacionamientos, margaritas salvajes y pasto a los costados, y caminar, fumando marihuana, que el humo nos quemara y nos diera pinchazos en los pulmones, las piernas lánguidas, los ojos vidriosos y calmos, las piernas moviéndose acompasadas antes de volver adentro a bailar. Conspiradoras. Socias emocionales. Eso es lo que éramos”. ¡Esas palabras son música para mis oídos! Toda la adolescencia encerrada en uno sólo párrafo. Pero esos años también traen conflictos, y sobre todo enfrentamientos con los padres. Moore nos para entrelazando momentos de rebeldía que marcan las relaciones familiares y personales para siempre: "Hubo épocas en las que ella me fascinaba. Pero nunca habíamos sido cercanas, y era difícil que yo sintiera, alguna vez, que la conocía. Para conocer algo tienes que ser capaz de meterte dentro y sentir, después salir y mirar, y después hacer eso otra vez: ir adentro y mirar. Dos veces seguidas. Pero con mi madre yo solo podía hacerlo una vez. Lo hacía una vez, la primera, y después salía corriendo" Ya en la adultez, es imposible no añorar la libertad e impunidad de esos años, la alegría, el desconcierto, el desparpajo de las acciones, la falta de plan. Más cuando uno se encuentra atrapado en un matrimonio fallido, cargado de infidelidades, con una actuada felicidad monocromática: “Sin duda “a salvo” es lo que estoy yo ahora; o lo que se supone que estoy. La seguridad está en mí, me sostiene derecha, como una columna vertebral. Mi sangre no viaja por caminos nuevos, sabe simplemente su camino, se demora, se adormece y se encariña. Aunque hay momentos, incluso recientes, en los que he dejado a mi marido para salir a caminar al anochecer, la luna suspendida boca abajo como un pájaro estridente y presumido, como algún error absurdo -qué vida de oficinas y tareas aburridas podría tener una luna inundando el cielo y las calles, sin parecer absurda-, y en mis caminatas hacia las esquinas silenciosas, los olores fríos a humus, las copas de los árboles saludando al viento, he sentido una antigua naturaleza salvaje. Ebria y fantasmal. Tiene que ver con la aventura y la huida, como las ganas de un niño de escaparse”. ¡Gracias Lorrie Moore por hacerme recorrer la carretera de la juventud, con las ventillas bajas, el viento golpeando las mejillas y la música a todo volumen!


Un gran retrato de la adolescencia y muy bien escrita. Excelente


Un libro extraordinario. Poesía en cada oración. Por favor leélo.


No me enganchó para nada..me costó terminarlo. por momentos tanta descripción reiterativa me aburre....no encontré humor...quizás al traducir eso se pierda...quizás en ingles sea gracioso...


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