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Sinopsis

Toda narración, incluso aquella que pretende imitar la vida, es una ficción. Un artificio. El escritor sale al mundo y lo que nos devuelve es una visión de la vida, no la vida. Partiendo de esta premisa, Marcos Giralt Torrente se enfrenta en este relato íntimo a un tema universal: la muerte del padre. A partir del dolor por la pérdida, reconstruye la relación con su padre, el tiempo de vida que compartió con él, con asombroso afán de fidelidad. Sin eludir las zonas de penumbra pero sin recrearse en ellas, sorteando con equilibrio cualquier exceso. De esa forma, con ayuda de una prosa hipnótica y concisa, la propia experiencia se transforma en experiencia de todos. El resultado es un libro absolutamente conmovedor que abraza y golpea a un tiempo. Ni un homenaje ni un ajuste de cuentas. Un intento de comprenderla relación más compleja que cabe entre dos personas. El retrato de un padre y un hijo. Un inventario de vida en el que casi nada se calla y en el que, por eso, aparece la vida tal y como es: con sus tristezas y encrucijadas pero también con sus jubilosos descubrimientos.Marcos Giralt Torrente ha escrito un gran libro. Una confesión valiente y hermosa que, estamos seguros, dará que hablar.

Año de publicación:2010

1 reseña sobre el libro TIEMPO DE VIDA

Cada vez que leo una auto ficción acerca de la relación padre/madre-hijo/hija se me viene a la mente el no haber dejado demasiadas fisuras ni rencores con mis padres. Especialmente con mi padre que murió hace casi dos décadas. Nunca me hubiera atrevido a investigar de manera descarnada lo que mi padre fue en su esencia, en ese sentido, prefiero guardar un buen recuerdo, sin cuestionamientos, sin resentimientos, sin temores. Hay que tener muchas cuentas pendientes, muchas clavijas de ajustar, muchas cuerdas que afinar en esa relación como para sentar al padre en el sillón psicoanalítico. De eso se trata esta interesante novela narrada en clave confesional, hondamente confesional. La trama es sencilla: un hijo, un padre, los problemas entrecruzados de ambos, haciendo apunte como siempre en las ausencias, los fracasos, lo que pudo ser y no fue, la compañía ante la muerte (cuando la vida nos permite asistir y despedir adecuadamente a alguno de nuestros padres). Rosa Montero calificó a la novela como sofisticada y me parece que lo es, además de inteligente. En todo caso dejo a consideración del lector los párrafos de cierre de la novela que a mi parecer son hondamente poéticos: "Pienso, entonces, en mi hijo aún no nacido, que llevará su nombre, y me pregunto en qué lo condicionaré, en qué le fallaré, qué deberé yo perdonarle y qué deberá él perdonarme, si no lo hace antes, cuando como mi padre me diluya en la nada. Qué recordará de mí con nostalgia. Me gustaría conservar algo de lo mejor de mi padre para que le llegue a través de mí."