COMPRAR EN PAPEL

Sinopsis

La obra poética de Francisco Urondo exhibe una unidad profunda, cifrada en la afirmación de la vida como un valor inexcusable y esencial. La palabra y el mundo conjugados resplandecen en la belleza de sus poemas, en los que se evoca el amor, la sensualidad, el placer, el dolor, la amistad, los seres queridos, la patria, la historia, la política. Es una poesía sobre el “querer vivir”, donde nada se encuentra desligado y todo es objeto de indagación.Esta edición de la poesía completa de Francisco Urondo conmemora los treinta años de la muerte del poeta, víctima de la represión de la última dictadura militar, el 17 de junio de 1976.Urondo había empezado en la década del cincuenta un camino irreversible en la palabra con sus primeros y deslumbrantes versos y continuó escribiendo poesía aun en medio del peligro y la persecución, como lo testimonia su inconcluso y parcialmente perdido Cuentos de batalla. Todo cuanto hizo estuvo vinculado con los avatares políticos de la Argentina y supo responder a cada desafío.La obra poética –plenamente inscripta en el tiempo que le tocó vivir, con sus turbulencias y sus arduos caminos– abarca más de veinte años y deja una marca indeleble en la poesía en lengua castellana. Para Urondo era fundamental hallar la palabra justa, en tanto justeza y justicia, y el intento equivalía a encontrar un sentido que justificara la vida. Equivale a distinguir algo que en varios poemas menciona: lo que vale la pena.

Año de publicación:2006

1 reseña sobre el libro OBRA POETICA

¿LITERATURA COMPROMETIDA? Hay un mito sobre la existencia de un “arte comprometido”. Yo no creo, personalmente, que exista en esencia tal cosa; y si la hay dudo mucho que sea arte. Pero también se puede decir de otro modo (quizá menos directo): tampoco creo que el arte pueda dejar de ser espejo de una época y por lo tanto evada su destino de registro de un momento y de un lugar. Muchas obras de incuestionable valor literario han sido gestadas por escritores argentinos (en el país o en exilio) durante la dictadura genocida, pero no todas esas obras (en rigor, muy pocas) han tocado temas que muchos se esfuerzan por denominar “comprometidos” o de “compromiso social”. Pero es altamente probable que ese momento de la vida del país y de los autores esté manifestado de algún u otro modo en todas las obras; por la sencilla razón de que el arte históricamente es una necesidad del hombre (animal político y sociable). Paco Urondo, Haroldo Conti y Miguel Angel Bustos (caídos en lucha contra la dictadura militar y, como Walsh, torturados a muerte en los campos de concentración) no brindan por ese motivo un valor agregado estético o literario a sus obras. El valor de su literatura es inherente a si misma y surge de la palabra escrita. Que su lucha y su vida sean meritorias y heroicas o vergonzosas y pusilánimes pueden servir para comprender e indagar su literatura y sus temas recurrentes o de interés. Pero no se puede pretender (como tantas veces hemos escuchado por ahí) que eso es “literatura comprometida” y por ese hecho posee un “juicio o valor” que las eleva por sobre las obra de, por ejemplo, Victoria Ocampo, Horacio Quiroga o Norah Lange. Obviamente uno puede tener sus preferencias en cuanto a temáticas y contenidos de los textos que desea frecuentar y hasta puede llegar a la obra de un escritor por razones inherentes a su vida y su conducta. Por lo tanto considero una muy limitada y prejuiciosa vara la del “valor histórico o la del compromiso social” para juzgar o calificar una obra o un autor. Yo leo a Urondo por razones sencillas: porque me da placer, porque la experiencia estética que me provoca su lectura me satisface. Copio unos versos de un poema que me gustó. EL REGRESO DE LA COLEGIALA Ella, la más silenciosa de todas, la que menos hubiese supuesto, ha brincado sobre el viento, ha hendido la tormenta con su mano, ha llenado su vela de aire tibio y rápido, ha dejado una mancha de vino sobre mi hombro. Me ha dado vuelta y apenas pude sorprender el último rabo del vestido, una sombra movediza y algún perfume que quedó flotando y luego la siguió. Ella no es ahora carne ni conciencia; es un recuerdo que toca el timbre y huye, como una colegiala. Ha llovido, vuelvo a descansar sobre el hombro del barro. . . Paco Urondo (Historia Antigua)


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