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Sinopsis

En 1925 Robert Walser, escritor predilecto de Franz Kafka, muy apreciado por Robert Musil, Elias Canetti, Thomas Bernhard o Peter Handke, entre otros, publica su ?ltimo libro, un conjunto de prosas breves titulado La rosa, en el que aparecen reflejados todos los temas de sus mejores obras y de sus más conocidas páginas.

Año de publicación:2010

2 reseñas sobre el libro LA ROSA

Se sabe que Robert Walser fue un escritor solitario, alejado de los cenáculos literarios. Los textos de La rosa son una variada exploración del ser humano. A pesar de su brevedad, cada una de esos leves trozos de realidad deja una impronta inmarcesible de la memoria personal de los l corres. Para Robert nada escapa a su aguda y serena observación del mundo, Sus personajes son inclasificables, aparentemente inacabados. Pasan como fantasmas por sus paginas, pero dejan huella. Su comprensión radica en su familiaridad y permanencia porque cada uno de ellos tiene ese halo de misterio que pernean en toda la obra de Walser.


Es inevitable no escribir bajo la sombra de la muerte que se pasea soberanamente sobre nuestro país. Una de las ideas sobre las cuales pienso con frecuencia es que la literatura es siempre una expresión humana universal. En tanto que cada autor nos descubre una perspectiva sobre el mundo. Necesariamente en relación con el lector; en conjunto se descubren pliegues de una realidad infinita. En cierto modo, La rosa de Robert Walser (1878-1956) me llevó a recordar está idea de la universalidad de la literatura. La rosa es una compilación de narraciones breves sobre el arte, la literatura, el amor, la amistad, la caballerosidad, el cortejo, las buenas o malas costumbres; en las cuáles a parece una proyección desde lo local hacía lo universal interpelada por el lector. Algunos ejemplos: “Lo han imitado, pero ese ser original sigue siendo lo que es. Imitar es, además, algo perfectamente natural. Las copias también puede ser atractivas, pero lo realmente valioso proviene sólo de la originalidad”. “No soy en lo absoluto idiota, sino más bien receptivo a todo lo racional; lamento no ser un héroe novelesco. No estoy a la altura de semejante papel, a veces leo un poco demasiado, solamente”. “¿Puede haber algo más bello que la exaltación amorosa, escabrosa al principio, montañosamente hacinada luego, y al final allanada, aliviada, alisada por la sensatez y la serenidad?”. “Los escritores no deben considerarse grandes por el hecho de arrimarse a lo grandioso, sino más bien deben intentar ser significativos en las pequeñeces. ¿Qué pensaba yo hace poco al respecto? Que hay que aprender a hablar bellamente sobre el objeto más ínfimo, lo que sería mejor que expresarse pobremente sobre un pretexto abundante”.