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Sinopsis de ANIMALES DEL FIN DEL MUNDO

«Era Inés planta ornamental. Inés mascota Inés animal de porcelana, perdida entre los infinitos rincones de la casa y sus silencios». Inés tiene seis años, ha perdido los dientes y le teme al fin del mundo más que a nada. Una mañana estalla una bomba y en medio del caos encuentra a María, una niña con la que finalmente puede compartir el universo adulto en el que vive. Pero el principio del fin es inminente: pronto celebrará su séptimo cumpleaños y su vida está rota. «Para mostrar la vida desolada de Inés, esa niñita de seis años que mide el tiempo por cada uno de los dientes que va perdiendo, Gloria Susana Esquivel acude a recrear una mirada: la hihperbólica, fragmentada, fabuladora, que sólo se tiene en la infancia, irrecuperable; y un lenguaje: metafórico, profuso, deliberadamente artificioso, que salva a Animales del fin del mundo de caer en un naturalismo ingenuo o un aburrido realismo. Lo que va emergiendo es una grieta dolorosa, la que separa el mundo egoísta, triste, a menudo fracasado o patético, de los adultos, del corazón anhelante de amor de un ser humano que va perdiendo, dolorosamente y para siempre, la piel de la inocencia». Piedad Bonnett

1 reseña sobre el libro ANIMALES DEL FIN DEL MUNDO

Quizás lo más maravilloso que tiene la infancia es el poder de la imaginación, de crear historias y personajes y creer sinceramente en ellos. De sentir que podemos ser quienes queremos ser, volar, viajar en el tiempo, tener poderes increíbles, ser animales. Por estos caminos transita la historia de Inés, una pequeña de seis años que vive con su mamá, en la casa de sus abuelos. La novela está escrita en pasado, con lo cual nos encontramos con una narradora que está recordando su infancia en medio de adultos a quienes observa de manera salvaje, contaminados muchas veces de prejuicios sociales, la violencia del entorno colombiano y la incertidumbre que trae envejecer. Inés ve a su mamá como una felina. Su papá, con quien tiene un Edipo considerable, es a veces un tiburón y otras un pez de río. Ella misma se va transformando a lo largo de la historia y pasa de ser una niña domesticada a ser una criatura salvaje. ✍"Era Inés planta ornamental. Inés mascota. Inés animal de porcelana, perdida entre los infinitos rincones de la casa y sus silencios". Inés, que mide el paso del tiempo y el crecimiento de su valentía por cada uno de los dientes que va perdiendo, cree que poniéndose una máscara de pantera puede enfrentarse a las bestias de su casa. Y no solo a estas bestias, sino también a las que la rodean fuera de ella. Así es como asocia cada personaje con un animal que la puede curar o lastimar. Dijo la autora en una entrevista: "Para mí era muy importante escribir sobre la manera en la que somos criadas las niñas: a veces resguardadas del mundo, pidiéndonos que nos comportemos y que “seamos buenas”. Creo que muchos de esos comportamientos que nos piden regular cuando niñas, y que no son necesariamente regulados para los niños, luego se convierten en una parte fundamental de nuestra identidad femenina."


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