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Sinopsis de VIDA DE LOS DOCE CESARES

Suetonio, contemporáneo de Tácito y de Plinio el Joven, es uno de los historiadores más minuciosos de la Antigüedad. Enseñó gramática, ejerció la abogacía en Roma y fue secretario de Adriano.Suetonio concibió la idea de estudiar a los emperadores como hombres, con sus tendencias naturales, pasiones y cualidades, tratando de descubrir en ellos, y a través de sus actos y aconteceres de sus vidas, sus costumbres, los rasgos particulares de su carácter y la manera de ser de cada uno de ellos.Suetonio nos introduce en la intimidad de los personajes, sus vicios y virtudes, su monstruosa corrupción, morbosas delectaciones, incestos, las horribles orgías de Tiberio, Calígula y Nerón, y todo ello sin reflexiones, sin expresar condena ni aprobación, adoptando una narración rápida.Vida de los doce Césares no sólo relata la vida pública de los doce primeros emperadores, desde el legendario Julio César, hasta Domiciano, sino sus vidas privadas, sus gestos cotidianos, sus grandezas y miserias.

Año de publicación:1989

2 reseñas sobre el libro VIDA DE LOS DOCE CESARES

Un repaso de las luces y las sombras de los primeros doce césares después de Julio. Relatos c entrados más en las personas que fueron y lo que hicieron que en su trascendencia o no para el Imperio romano. Lo más interesante es que se trata de relatos basados en documentación manejada por Suetonio y por testigos directos, es decir fuentes orales. Esto que hoy nos parece la forma natural de hacer historia, el estudio de los documentos generados en el tiempo y los testigos directos, durante siglos se olvidó. Las crónicas se basaban en relatos legendarios copiados de los autores anteriores y sin contrastar. Este es el gran valor de esta obra su modernidad


La obra se publicó hacia el 121 d. C., dada la considerable extensión de la misma y la meticulosidad y esmero en la forma de trabajar de Suetonio, debió de comenzarla mucho antes de acceder el año 119 a su importante cargo en la Cancillería imperial, fecha en que ya la debía de tener prácticamente acabada. Se puede afirmar, por consiguiente, que ni la idea inicial ni el desarrollo mayoritario de la obra se debieron a su cargo ni a las ya apuntadas facilidades que su privilegiada posición le daba para hurgar y rebuscar en los archivos imperiales cartas privadas, testamentos, memorias de los emperadores y actas del Senado y del pueblo, aunque, sin duda, debió utilizar toda esa información, en gran parte inédita, para pulir, completar y poner a punto las biografías de los dos primeros césares, por los que sentía un especial interés, interés que se hace patente, tanto por el número de fuentes que el propio Suetonio afirma haber utilizado (13 para César y 10 para Augusto), como por el espacio que concede a ambos emperadores.


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