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Sinopsis de VIAJES CON HERODOTO

«Más que un libro de viajes esta sagaz narración es un canto de amor al mundo» (Juana Salabert, La Razón). En la década de los cincuenta, mientras recorre la Polonia profunda «con más pena que gloria de aldea en aldea, de villorrio en villorrio, en un carro de adrales o en un autobús desvencijado» Kapuscinski, aprendiz de reportero, vive obsesionado con la idea de cruzar la frontera. Fracasa en su aspiración de viajar a la vecina Checoslovaquia, pero, a cambio, la redacción del diario en el que trabaja lo envía a India. El flamante corresponsal parte con un libro, la Historia de Heródoto, que, compañero inseparable desde entonces, resultará decisivo para la formación profesional y personal del futuro autor de El Emperador, El Sha, El Imperio o Ébano.

12 reseñas sobre el libro VIAJES CON HERODOTO

Un libro que representa fielmente esa idea tan añorada de viajar en el tiempo y en el espacio. Porque el polaco Kapuscinski lo hace, viajando por India, China, Etiopía, Ghana, Argelia, Irán, Turquía y otros lugares, en su función de inquieto reportero en esos años convulsionados de la década de 1950. Y en paralelo regresa 2500 años en el tiempo, viajando con Heródoto, ese griego notable, para recorrer Grecia, Persia, encontrarse con los escitas, recorrer Egipto y casi todo lo conocido del mundo antiguo de ese entonces. Un dos por uno espectacular, integrado de una forma que enriquece y transmite múltiples sensaciones y reflexiones. ¿Y cómo lo hace? Al polaco le habían regalado un ejemplar de la “Historia” de Heródoto y en su primera salida fuera del país como reportero, única por lo demás porque recordemos que Polonia estaba tras la cortina de hierro, se pone a leerlo arriba del avión rumbo a la India. Enseguida señala que “Historia o Historias”, no refleja la esencia de la obra. Porque en aquellos tiempos la palabra griega “historia” significaba más bien “investigaciones” o “inquisiciones”. Y así describe, comenta, interpreta y vuelve a vivir los escritos de Heródoto quien empieza su libro con una frase en la que explica por qué y para qué lo había escrito: “Heródoto de Halicarnaso va a presentar aquí frutos de sus investigaciones llevadas a cabo para impedir que el tiempo borre la memoria de la historia de la humanidad, y menos que lleguen a desvanecerse las grandes y maravillosas hazañas, así de los griegos como de los bárbaros. Con este objeto refiere una infinidad de sucesos varios e interesantes, y expone con esmero las causas y motivos de las guerras que se hicieron mutuamente los unos a los otros”. ¡Qué notable y qué compromiso con la humanidad! Porque el libro de Heródoto es el primer gran reportaje de la literatura universal. Su autor está dotado de una intuición, una vista y un oído de reportero. También es incansable: atraviesa los mares, recorre las estepas y se interna en los desiertos. Y así visitamos a egipcios y masagetas, a escitas y etíopes. “Ha colocado a decenas, incluso centenares de naciones y tribus de Asia, Europa y África, o sea, a todo el género humano conocido”. Heródoto, nacido en Halicarnaso, hace una porrada de años, puchas, ¡qué ganas de conocerte! Fuiste el contador de historias, el que no imponía su verdad porque se dedicaba a escuchar, el que trató de preservar el viejo hilo de la memoria, el primer reportero de la historia, el buscador de verdades, el primer pensador global que arrancó del nacionalismo, de la perspectiva corta de la aldea o del patriotismo de escasas luces. Hoy también serías antropólogo, etnógrafo e historiador. Y así, con mucha habilidad, Kapuscinski incorpora el pasado al presente, confluyendo los dos tiempos en el ininterrumpido flujo de la historia. Sus crónicas de los países que visita recogen las imágenes de culturas tan diversas, en India, China, el Irán de Jomeini, Argelia y otros países de Africa, que nacen a una vida independiente después del colonialismo, pero que no saben qué hacer con ella. Kapuscinski estuvo en China en 1957. Yo tuve la suerte de visitarla en 1994. No percibí ni el diez por ciento de lo que el polaco consigna sobre este este país increíble. Pero me sacudió los recuerdos de la fascinación vivida, de lo inconmensurable, lo complejo, lo diverso, de la certeza que se necesitaría más de una vida para poder entenderla, de poder procesar todo lo que vi, esa innata hospitalidad de los campesinos y también aquella impotencia por no poder comunicarse, como cuando me perdí en Beijing y no encontraba el hotel. Aquilatar que cuando estás con gente tan diferente, es como mirarte en nuevos espejos y en la comparación te acercas a conocer mejor lo que eres. Y en ese mirar y percibir te das cuenta que en lo esencial, no importa donde nazcas, todos anhelamos y soñamos lo mismo.


Es como mantener dos lecturas simultáneas. Por un lado los avatares de un reportero novato, en países de los cuales desconoce absolutamente todo, desde el idioma a las costumbres, la historia, el presente y, por supuesto, su futuro. Todos los oficios se aprenden o perfeccionan caminando por sus sendas, tropezando una y otra vez en cada piedra del camino, tomando la ruta equivocada, rectificando una y otra vez. Sin embargo, capta la esencia de todos ellos y nos las describe con maestría. En su primer viaje a la India, a China, a Etiopía, al Congo es capaz el autor de embriagarnos con sus aromas, sus abigarrado colorido, sus bullicios, las sonrisas dibujadas en labios que no saben saludarte en tu idioma, pero se hacen comprensibles de manera inmediata. Los rictus de tristeza, de miedo, de inquietud, de terror se perfilan en ese idioma común a todos los humanos, dibujados en un gesto facial, en una mirada, en una mueca labial. Mientras tanto el autor, malditos su nombre y apellido, lee la Historia de Heródoto adentrándonos en las vicisitudes de nuestros antepasados, aquellos que cimentaron nuestro presente con sólida y sórdida base histórica. Es un lectura entretenida, enriquecedora, saciante de saber y provechosa en su universalidad.


Aquí podríamos perfectamente decir que nos encontramos ante un libro compartido de viajes a través del autor del libro y reportero polaco Ryszard Kapuscinski durante la segunda mitad del siglo XX, y en segundo término, pero nunca menos importante, a través de los ojos de Heródoto, considerado el padre de la Historia, 2.500 años antes. Por un lado, la antigua Grecia, los persas, los escitas, Egipto…, por el otro, el mundo moderno, Asia, África… Tantos idiomas, tantas razas, tantas tradiciones, tantas imágenes, tantas guerras y batallas, tanto que aprender y tanto que pensar, comparar, analizar. La narración está muy bien entrelazada y en ella se insertan excelentes observaciones y comentarios sociopolíticos por parte del autor. No es imprescindible conocer a fondo la obra de Heródoto para leerlo y comprenderlo en profundidad. De hecho, lo único que sabía yo sobre Heródoto antes de leer este libro, es que se le considera el padre de la Historia. Kapuscinsky usa aquí a Heródoto como su guía tanto para entender el mundo como para hacer su trabajo de reportero. Con una curiosa paradoja: la mayoría de los lugares que visita el autor en este libro son lugares que no hacen referencia a Heródoto (principalmente la África subsahariana), sino que los interpreta con lo que lee en paralelo en el libro de Heródoto “Historia”. Continuando con la paradoja, aunque Kapuscinsky parece conocer bien Grecia, no la visita en este libro. Un libro realmente muy bueno e interesante y fácil de leer, donde se disfruta al máximo de las pinceladas sobre las narrativas de Heródoto de su obra “Historia” o “Historias”, así como las descripciones de las experiencias de Kapuscinsky en sus viajes como reportero. Todo el libro es un himno a la mentalidad abierta y la tolerancia a la diversidad.


Años 50. El joven reportero Ryszard Kapuscinski recorre Polonia de aldea en aldea entrevistando personas para el modesto periódico en el que trabaja. Un año después, es trasladado a la India como enviado especial para transmitir la realidad de aquel país al pueblo polaco con un regalo muy especial de su jefa, la redactora jefe Tarlowska: un ejemplar de la "Historia" de Heródoto. Sentado en un vetusto cuatrimotor de Air India y agasajado por la luz mortecina de las estrellas, Kapuscinski ameniza su vuelo nocturno leyendo pasajes del inmortal historiador griego en una aventura literaria que le acompañaría hasta el final de sus días. Viajes con Heródoto es el homenaje de un escritor colosal a un historiador serio y riguroso, que hace 2500 años recopiló los sucesos más importantes de su tiempo siendo además la única fuente que dejó por escrito escenas y descripciones épicas de batallas, intrigas palaciegas, y noticias de toda clase siguiendo paso a paso el devenir del imperio más poderoso de su tiempo, el persa, hasta su derrota final a manos de los griegos en las batallas de Platea y Mícala, además de relatar usos y costumbres de otros pueblos menos conocidos como escitas, tracios o maságetas. Así, el escritor polaco recorre África, Asia, Oriente Medio, siempre con la Historia de Heródoto bajo el brazo, preguntándose qué hubiera hecho el griego para obtener sus informaciones, o cómo se las arreglaba para viajar miles de kilómetros en una época donde el único medio de transporte eran las piernas. El libro nos sumerge en las mágicas atmósferas de la India, Egipto, China, El Congo, Etiopía, Irán , Irak, Sudán... en todos esos lugares la prosa recargada de romance y misticismo del escritor polaco nos hace sentir como si estuviésemos allí, sin necesidad de viajar, sólo abriendo Viajes con Heródoto, y uno se siente fascinado asistiendo a este hermoso mano a mano de dos grandes de la literatura universal, Heródoto y Kapuscinski. Es un libro bello que contagia el perfume misterioso de la gran literatura de viajes y que además fue la obra póstuma de Ryszard Kapuscinski. Seguro que allá en la otra vida los dos, el griego y el polaco se ríen divertidos rememorando anécdotas de sus viajes mientras nosotros disfrutamos de su legado aquí, abriendo un libro sin movernos de casa, pero viajando muy lejos con el corazón 😊


Ryszard Kapuscinsky es un brillante escritor de viajes. Su prosa hipnotiza, y te hace vivir cada línea como si estuvieras observando y viviendo los sucesos más antiguos - como es el caso de este libro- o los más recientes. Mezcla de historia y aparente ficción, este libro "Los viajes con Herodoto" describen una serie de acontecimientos históricos en lugares que por ser descritos o narrados con una pluma tan experimentada, no nos parecen tan ajenos ni lejanos. Ese es el criterio con el que deberían escribirse los libros de viajes. Kapuscinsky es un maestro en esos menesteres. Les deseo feliz viaje al pasado al leer este libro. 👍👍👍👍


Empezaré diciendo que se trata de un libro donde nos cuenta sus inicios como reportero, fuera de su país, Polonia, y nos lleva a muy diversos lugares, a la India de los años cincuenta, también a la China de Mao, al Egipto de Nasser, a Sudán, al Congo, al Irán de Jomeini, a Etiopía, a Argelia, al Senegal de Senghor, etcétera, pero también nos va a contar el libro de Heródoto, “Historia”, ya que partió a su primer viaje con él y ya no se separó de este primer e importante historiador y viajero. La Historia de Heródoto fue el regalo que le hizo la redactora jefe del diario en el que trabajaba, cuando lo envió a su primer viaje como corresponsal . Por lo tanto, se trata de un libro con parte de autobiografía, de viajes, de reportaje, de crónicas y también de historia y de ensayo, porque los escritos de Heródoto no solo son historia, queda perfectamente demostrado en este gran libro, donde viajamos en el espacio y en el tiempo, donde se mezcla el pasado lejano de los viajes de Heródoto, con el pasado del escritor y donde los lectores hacemos dos viajes al mismo tiempo, en distinta época. En el último capítulo del libro nos dice: “Así, mis viajes cobraron una segunda dimensión: viajé simultáneamente en el tiempo (a la Grecia antigua, a Persia, a la tierra de los escitas) y en el espacio (mi labor cotidiana en África, en Asia, en América Latina). El pasado se incorporaba al presente, confluyendo los dos tiempos en el ininterrumpido flujo de la historia.” Es muy importante el poder de transmisión de Kapuscinski, con su prosa, hasta hacernos sentir que estamos ahí, que vivimos lo que nos relata, las grandes y magníficas historias, unas veces trágicas, otras divertidas pero siempre asombrosas e intensas. Otro aspecto muy interesante y que me ha gustado mucho es como el autor se va haciendo miles de preguntas, con la intención de comprender , aprender y conocer a Heródoto, lo estudia y lo va asimilando todo, al igual que el griego que ya se ha convertido en su maestro y también amigo para poder contarlo todo con esa misma curiosidad y ganas de conocer, que siempre encontró en Heródoto y del que ya está contagiado, además de demostrarnos que esa curiosidad es la clave del periodismo. También es fundamental señalar que es el último libro que publicó, sin embargo se trata de un relato de formación y también un homenaje personal a Heródoto, considerado como su orientador o guía en esta su profesión. Así, termina su relato viajando a la ciudad natal de Heródoto, Halicarnaso o Bodrum en la actualidad, sintiéndose de esta forma más cerca del pionero que fue el escritor griego 2500 años antes. Me ha gustado mucho esa lectura de la Historia de Heródoto que va ilustrando los viajes de nuestro autor.


“La señora catedrática también nos enseñaba fotografías de esculturas antiguas y, pintadas sobre vasijas de bronce, figuras de antiguos griegos: bellos cuerpos, esculturales; rostros nobles, alargados, de suaves rasgos. Pertenecían a un mundo desconocido, mítico. Un mundo hecho de sol y de plata, cálido y luminoso, habitado por héroes esbeltos y ninfas bailando. No sabíamos qué actitud debíamos adoptar ante él. Mientras miraba aquellas fotografías, Z. se volvía aún más taciturno; W., con una mueca de dolor, se daba suaves masajes en la rodilla dolorida. Otros lo miraban todo con atención, pero al mismo tiempo con indiferencia, pues no lograban imaginarse aquella realidad remota, casi fantástica. No hacía falta esperar el momento en que aparecerían personas que anunciasen el choque de civilizaciones. Ese choque se había producido mucho tiempo atrás, dos veces por semana, en aquella aula en la que supe de la existencia de un griego llamado Heródoto.” Viaje iniciático de uno de los cronistas más importantes de la segunda parte del siglo XX, nos cuenta sus viajes, a fines de la década del 50, por la India, China, Egipto, Sudan, Congo, Senegal, Argelia, Etiopía, dando un rodeo por Uganda, Tanzania y Kenia, luego recuerda su paso por Irán Su relato va mechado con los Nueve libros de la Historia, a su autor lo considera el padre de los reporteros.


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FRASES DEL LIBRO VIAJES CON HERODOTO

Obtendremos un saldo de cientos de millones de horas gastadas en construir murallas, horas que en un país pobre se habrían podido emplear en cosas tan útiles como aprender a leer.


Publicado porDiavazondas

En referencia a Heródoto: Es el primero en descubrir la naturaleza multicultural del mundo. El primero en clamar que todas las culturas deben ser aceptadas y comprendidas, y que, para comprender una, antes hay que conocerla.


Publicado porEl lector utópico

"El ejemplar de la Historia de Heródoto era un volumen muy grueso, con cientos de páginas. Los libros así de gordos tienen un aspecto tentador, son como una invitación a una mesa llena de manjares."


Publicado porAntaeus

"La vanidad arrebata la capacidad de pensar con sentido común."


Publicado porAntaeus

toda gran obra, hay que leerlo repetidas veces: cada nueva lectura desvelará nuevas capas, contenidos distintos, no vistos antes, nuevos sentidos e imágenes. Pues todo gran libro contiene varios libros, sólo que hay que llegar a ellos, descubrirlos, profundizarlos y asumirlos.


Publicado porEl lector utópico

levantar una muralla. Encerrarse, separarse. Pues todo lo que llegaba del exterior, desde allí, no podía ser otra cosa que un peligro, el anuncio de una desgracia, un augurio del mal, vaya, la mismísima encarnación del mal.


Publicado porEl lector utópico