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Sinopsis

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Año de publicación:2016

4 reseñas sobre el libro ULTIMOS TESTIGOS

He leído muchos libros que hablan sobre la segunda guerra mundial, la mayoría de ellos, sobre los campos de concentración o la persecución a los judíos o bien sobre la misma historia del desarrollo de la guerra, El nazismo, en fin, tantos libros que llegó el momento de decir basta y deje aparcado ese tema mucho tiempo, sencillamente porque eran mas de lo mismo, diferentes historias, pero mismo fondo, trágico, desgarrador, doloroso, pero al final era lo mismo. Este es el segundo libro que leo de esta autora, los dos tienen el mismo estilo de narración, es decir, varios relatos contados por los protagonistas de la historia, recuerdos de lo vivido, en este caso, los recuerdos de los que en el momento de la segunda guerra mundial eran niños. La diferencia de este libro con respecto a otros que he leído, bueno, son varias, pero la principal es que no habla de judíos o de alemanes o campos de concentración, sino de los rusos, los niños rusos. Como vivieron esa guerra, como fue que se enteraron que se encontraban en guerra, los bombardeos, dejar su casa, como vivían antes, durante e incluso después de acabada la guerra, como perdieron a sus padres, ya sea porque fueron a luchar o porque murieron en algún bombardeo, los que salieron huyendo algunos llegaron a los orfanatos, otros con gente que los acogió, otros se quedaron en casa a esperar noticias y rezar que no les cayera una bomba encima. Algunas historias desgarradoras, otras, recordadas precisamente con esa mentalidad de los niños, que saben lo que sucede, pero que pintan su mundo de otro color, pero la mayoría de ellas son dolorosos recuerdos de civiles que tienen que aguantar muertes, bombardeos, ejecuciones, perder a sus padres, amigos, familiares. Un libro que a pesar de lo desgarrador que pude llegar a ser en algunos casos, es un libro que se deja leer, porque es sencillo, ágil, franco, simplemente una historia que fluye después de la otra. Todos los relatos son cortos, por lo que este libro se lee muy rápido, pasas de un pequeño relato a otro con tal rapidez, que cuando te das cuenta has acabado el libro. Como todos los libros que hablan sobre guerra, me dejo ese sentimiento de impotencia, de incomprensión hacia los actos cometidos durante una guerra, sentí en algunas ocasiones ese miedo que te transmiten sus narradores, otras historias solo se trata de recuerdos. Un libro muy recomendable, un libro que resulta fresco por la realidad que refleja, no es el típico libro de este tema del que estamos acostumbrados, es una cara diferente de esta guerra, que al menos yo, no conocía.


Fueron niños y niñas que quedaron huérfanos de padre, madre - o ambos - al inicio y durante la Segunda Guerra Mundial, que en Rusia le llaman la Gran Guerra Patria ( más precisamente desde Junio de 1941 cuando Hitler - con la operación Barbarroja - invade la Unión Soviética). Fueron testigos y protagonistas inesperados de una niñez empañada por las pérdidas, el dolor, el hambre, la muerte y – paradójicamente - iluminada por el amor, la solidaridad, la resiliencia y la esperanza. En 1945, sólo en Bielorrusia, había 27.000 huérfanos. El texto reúne alrededor de 100 testimonios de estos ya adultos bielorrusos que recuerdan hoy aquel tiempo de su niñez sacudida, y lo comparten – en forma breve – al ser entrevistados por la autora (Premio Nobel de Literatura 2015). Entre olvidar o recordar, entre callar y compartir, estos testimonios fuertes sacuden el alma. No es una lectura para pensar. Es un ejercicio de empatía para el corazón …. , difícil – la mayor de las veces - por la naturaleza de la experiencia vivida por cada protagonista.


Svetlana le da voz al mudo, al invisible, al que está al frente de los que voltean la cara, mejor dicho a aquéllos que la sociedad y el Estado prefieren invisibilizar porque su posición y su testimonio duelen, hieren, hacen tambalear posiciones, restan poder. A veces desgarrador y a veces tierno el conjunto de éstos relatos nos adentra en una triste historia completamente desconocida para casi todos, pero desgraciadamente real.


Tal vez sea este uno de los libros más difíciles de terminar de leer de la autora Bielorrusia, siendo también en el que ella menos interfiere con su fuerte pluma y brillantes reflexiones.El estilo coral de su obra sigue intacto, pero la dificultad de su lectura radica en sus relatos, mujeres y hombres adultos reconstruyendo sus historias de cuando eran niños, pero en las que no tuvieron una niñez, pues la guerra se las arrebato.En muchos casos sin saber leer o siquiera hablar, pero estos niños fueron obligados a entender el concepto y significado de la guerra y sus atrocidades; de la crueldad del hombre desconocido que sembró muerte en su patria. La razón para llegar hasta el último relato ya no es saber más acerca de sus desafortunadas circunstancias en las que muchos de estos niños terminaron huérfanos, y lastimados física y moralmente; es conocer como la colectividad de su entorno los salvo, acercarse a esa imaginación infantil que les hacía plantearse preguntas inocentes, inverosímiles para los adultos, pero más allá, como conseguían soñar en medio de tanto dolor. 


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