Sinopsis de REENCUENTRO

Dos jóvenes de dieciséis años son compañeros de clase en la misma selecta escuela de enseñanza media. Hans es judío y Konradin, un rico aristócrata miembro de una de las más antiguas familias de Europa. Entre los dos surge una intensa amistad y se vuelven inseparables. Un año después, todo habrá terminado entre ellos. Estamos en la Alemania de 1933, y, tras el ascenso de Hitler al poder, Konradin entra a formar parte de la fuerzas armadas nazis mientras Hans parte hacia el exilio. Tan sólo muchos años después, instalado ya en Estados Unidos, donde intenta olvidar el siniestro episodio que los separó amargamente, y en principio para siempre, "reencuentra" Hans, en cierto modo, al amigo perdido. Esta pequeña obra maestra resurge hoy con la misma capacidad de conmover que cuando se publicó por primera vez en 1960. Su repentino e inesperado enorme éxito le ha merecido ser finalmente traducido y leído en el mundo entero.

9 reseñas sobre el libro REENCUENTRO

Lo sabía. Desde el primer capítulo. Que iba a querer más de esta obra de arte. Está narrado con una sensibilidad que conmueve, que te pone un nudo en la garganta. Ciento veintidós páginas pero que adquieren, bajo mi punto de vista, el carácter de novela, si bien es tan corta que se lee en un par de horas. Fred Uhlman fue pintor, y parece que plasma un cuadro con todo lujo de detalles y de forma muy bella. E igual que un cuadro lo puedes mirar una y otra vez, ahora toca releer. Y volver a sentir.


Una gran obra de arte de tan solo 120 páginas.


Toca la sensibilidad


Esta "nouvelle", pues apenas tiene poco más de cien páginas, es realmente una obra maestra de la literatura contemporánea. Nos narra la amistad entre Hans que es judío y de Konradin, un chico de una importante familia aristocrática, durante el curso en que ambos tienen dieciséis años. Pero las cosas comienzan a cambiar para los dos amigos con el surgimiento del nazismo. Hans y Konradin se verán obligados a separarse hasta ese "reencuentro". Una obra que conmueve, que te hace reflexionar y que no te deja indiferente.


Me ha parecido una Novela corta pero realmente conmovedora. Quizás le encuentro a faltar un poco más de desarrollo, anécdotas y vivencias entre Hans y Konradin, ya que al suponerse una gran amistad es corta y sin muchas vivencias entre ellos. El final me encanta, brillante.


BRILLANTE!!! Es la palabra. Me la leí en una tarde y me encantó... Tiene un final inesperado, fabuloso. Este libro es un ejemplo de como se puede contar una historia soberbia en muy pocas páginas. Recomendadísímo!!!


Un libro pequeño con una gran historia.


Fred Uhlman, abogado alemán de origen judío, huyó de su Stuttgart natal en por miedo a sufrir la persecución nazi. No cabe duda que su temor estuvo fundamentado. Pasó por Francia, España e Inglaterra, donde vivió sus últimos años, dedicado principalmente a la pintura y a la escritura. Se casó con una inglesa a la que conoció en España, y pronto se mudó a tierras británicas, donde se enamoró de la campiña inglesa por los recuerdos que le traía de los lugares en los que pasó la mayor parte de su juventud: el lago Constanza y la Selva Negra principalmente. De hecho, la añoranza de su tierra ocupa páginas importantes de su principal novela: Reencuentro (1960). Una obra que, pese a lo que pueda parecer en un principio, solo es autobiográfica en parte.El narrador (en primera persona) de esta historia es Hans, un joven judío procedente de una familia pequeño-burguesa que asiste a clases en la prestigiosa escuela Eberhard-Ludwig Gymnasium, la más antigua institución de enseñanzas medias de Würtemberg. Solitario, de ideas socialdemócratas, conoce a un nuevo alumno que llega a su clase en enero de 1932: Konradin, de su misma edad (16 años), un rico aristócrata perteneciente a una de las más antiguas familias de Europa. Ni más ni menos que los condeses de Hohenfels. Su elegancia, su pulcritud y su saber estar despierta muy pronto el interés de sus nuevos compañeros de clase. Sin embargo, solo Hans capta el de Konradin, que resulta ser también un joven tímido y solitario necesitado de amistad.Hans duda al principio --¿Qué podía ofrecerle yo, hijo de un médico judío, nieto y bisnieto de rabinos, y descendiente de un linaje de pequeños mercaderes a ese muchacho rubio cuyo solo nombre me llenaba de temor reverencial? ¿Cómo podía entender él, con toda su gloria, mi apocamiento, mi orgullo receloso y mi temor a ser herido? ¿Qué tenía en común él, Konradin von Hohenfels, conmigo, Hans Schwarz, tan escaso de aplomo y de savoir faire?-- y anhela después --No recuerdo exactamente cuándo decidí que tenía que ser mi amigo, pero lo sería--, pero finalmente surge la amistad entre ellos --a partir de ese instante mi vida ya no sería hueca ni tediosa, sino que estaría llena de esperanzas y satisfacciones para ambos-- y, recuerda Hans, a partir ese día fuimos inseparables.Pese a que el país vivía momentos críticos en lo económico --debía hacer frente a las reparaciones de guerra y a la subida de los precios-- y en lo político --el temible ascenso del poder nazi a las instituciones--, la política era cuestión de adultos y nosotros debíamos resolver nuestros propios dilemas: aprovechar la vida y dilucidar qué sentido tenía. Estos eran los problemas de trascendencia auténtica y eterna, mucho más importantes para nosotros que la existencia de figuras tan efímeras y ridículas como Hitler y Mussolini. Todo un ejemplo de confiada ignorancia. Como el hecho de que para Hans y su familia ser judío no tenía mayor importancia. En primer lugar éramos suabos, luego alemanes y después judíos. ¿Qué otro sentimiento podíamos alimentar? Porque para el padre de Hans, quien aborrecía el sionismo, era tan absurdo reclamar Palestina después de dos mil años como lo habría sido que los italianos reclamaran Alemania porque en otra época la habían ocupado los romanos. Eso solo podría desembocar en una matanza interminable y los judíos deberían combatir a todo el mundo árabe. Le parecía increíble que los compatriotas de Goethe y Schiller, de Kant y Beethoven, se dejaran engatusar por Hitler. No en vano, tan convencido estaba de que Alemania era su país, que estaba dispuesto a luchar por él nuevamente pese a haber resultado herido dos veces en la Primera Guerra Mundial. Como se puede observar, la novela traza un retrato fiel, casi milimétrico, de la situación alemana de la preguerra.La relación entre Hans y Konradin comienza a resquebrajarse ante las negativas de los padres del aristócrata a que su hijo se mezcle con los judíos. Konradin vive haciendo frente a un contínuo dilema, pero no quiere perder la amistad de Hans. Algo que cada vez resulta más complicado. La novela aborda un año, que transcurre entre enero de 1932 y enero de 1933. La llegada de Hitler a la cancillería alemana marcará un antes y un después en las vidas de ambos: Hans es enviado por sus padres al exilio en EE.UU. y Konradin entra en las fuerzas nazis. Parece que la amistad se ha roto para siempre. Treinta años después, Hans se reencuentra con su amigo perdido y escribe un relato conmovedor sobre el valor de la amistad, el fin de la infancia y la barbarie de la política radical. Antes del momento del exilio, recuerda Hans que había comenzado el largo y cruel proceso de desarraigo, y las luces que me habían guiado ya se habían amortiguado. Ahora me hallaba solo. Casi nadie me hablaba. Incluso los antiguos profesores parecían haberme olvidado. Y llega el inevitable momento de la despedida: ¡Siempre te recordaré, querido Hans! Has influido mucho sobre mí. Me has enseñado a pensar, y a dudar.


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