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17 reseñas sobre el libro QUERIDA IJEAWELE

11. Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo de Chimamanda Ngozi Adichie (21 de marzo). He estado trabada con mis lecturas, que son extensas y por eso quise despejarme, leer algo cortito, fresco, sobre un tema que me interesa mucho como lo es el feminismo; así que decidí que ya era hora de leer Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, el cual es la carta que Chimamanda le hizo a una amiga, cuando ésta le preguntó cómo podría educar a su hija en el feminismo. En quince consejos, que serían como los capítulos del libro, la autora va narrando lo que considera más apropiado para educar en el feminismo, sin dejar de reconocer que no será una receta mágica, pero sí que puede ayudar a plantear lo que se quiere lograr. Me gustó que se tome en consideración el amar la cultura y las raíces como parte fundamental de crear una identidad sólida que permita el desempeño en sociedad plenamente, sin inseguridades. Asimismo, también menciona la importancia de no inculcar en las niñas aspirar al matrimonio ni a la maternidad como lo más importante en la vida de una mujer. Chimamanda, para ilustrar mejor los consejos, va dando ejemplos de lo que ha vivido, para que vaya quedando más claro lo que ella quiere dar entender; como cuando menciona anécdotas sobre los juguetes o la ropa para infantes y sus colores. También habla sobre los roles de género, sobre la importancia de inculcar la lectura como medio para entender y cuestionarse el mundo, sobre fomentar una buena autoestima basada en sentirse cómodas con el cuerpo y en confiar en las propias habilidades para desarrollarlas y dedicarse a lo que realmente apasiona, no a lo que esperan los demás. En fin, toca temas muy interesantes e importantes, que no solamente son exclusivos para la crianza de niñas, sino también para los niños y también para nosotras como adultas, ya que la vida es un continuo aprendizaje y eso es lo que nos proveen los libros, así que esos consejos también son aplicables en la vida adulta, sobre todo si se está interesada en el tema y se quiere empezar a deconstruir todo eso en lo que se ha basado nuestra crianza y formación.


"Él sí llegó a alzarme la mano, pero no me pegó. Además yo lo perdoné porque es tan buen papá que a uno se le olvidan esas cosas". Yo escuchaba en medio del asombro, la tristeza y la ira que me causaba, pero no opinaba porque "no era mi problema". Y así me pasó en más de un caso: solo escuchaba, sentía, pero no decía. Así funcionaba porque no era mi problema, pero sí, sí era mi problema. Es mi problema, es el problema de esta sociedad que ha permitido a lo largo del tiempo este tipo de comentarios, de historias, de dolores y que no dice nada porque "no es su problema", pero sí lo es. Gracias a este tipo de historias, a mis experiencias, a ver y oír, me inquieté por el tema del feminismo y ayudar desde él a construir una cultura que no permita continuar estas situaciones. A aportar al destruir del machismo y la desigualdad con la que hemos vivido y sufrido desde antes de nacer. Me inquieté por buscar maneras de alentar a los demás para que dejemos de ser víctimas de ese demonio que nos reprime y nos subestima. Demonio que afecta con comentarios tan básicos y tan fuertes como "eso es trabajo para hombres, la cocina es para la mujer". Comentarios que aporrean también a hombres. Por ejemplo, yo fui víctima del machismo siendo hombre, pero es que los hombres también lo sufren: Recuerdo cuando en guardería una maestra decía que "los hombres no lloran". Cuando en primaria mis compañeros me decían que "los hombres no lloran". Cuando en mi adolescencia otros pubertos me decían que "los hombres no lloran” y como hasta hoy, aún hay padres que crían a sus hijos diciéndoles que “los hombres no lloran porque eso lo hacen las mujeres o los maricas". ¡Y SÍ! Pero los hombres también, porque llorar no es de mujeres, hombres o maricas... Es de humanos, pero la sociedad se apoderó de este tipo de dichos para usarlos como una forma de ofensa, reto o como indicador de medición de valentía y "hombría". Y así no es, amigo. Todo lo anterior lo digo porque quiero que interioricen lo ridículo que es y que sean conscientes de que lo es. Esto se vive aún con fuerza y nos acostumbramos a vivir con eso, pero se puede cambiar. Yo ya estoy aportando mi grano de arena y lo hago aprendiendo y haciendo parte del feminismo, no como una excusa para poner a las mujeres por encima de los hombres, sino para buscar la igualdad entre ambos. Para cambiar una cultura machista. Para atacar un mal que viene desde el principio de los tiempos. Yo ya estoy aportando mi grano de arena y lo hago informándome para aprender a reprenderlo y a atacarlo correctamente. Por eso empecé con estos libros y por eso les pido que los lean para empezar a reconocer el error, asumirlo y solucionarlo El tema de igualdad es amplio, pero por aquí empiezo. Así que si quiere ser parte del cambio, pueden iniciar con estos dos libros de Chimamanda Ngozi Adichie. Si les mueve algo o les ayuda en algo, es porque hay conciencia del tema. Así que, mujeres y sociedad, soy de ustedes desde ahora. Rechazo total al machismo y bienvenida la igualdad de géneros.


Sin duda un excelente libro donde encontramos 15 recomendaciones para educar a una pequeña niña en el feminismo Chimamanda explica de manera fácil, divertida y amigable no solo cada uno de sus co dejos si no el porqué de estos


Bello y necesario libro. Estoy recién comenzando con la literatura feminista, y siento que ha sido un incio genial. Cercano y real.


Una pequeña porción de puro amor. Un libro urgente


Fantástico! La autora nos enseña mucho aún de cosas que creemos aprendidas!


Me ha encantado. Recomendada su lectura para todos. En la educación comienza todo.


Querida Ijeawele es un librito que cabe en la palma de tu mano, pero lo que contiene dentro hará que abras los ojos ante la sociedad. Hay una frase que me gusta mucho del libro en la que dice que ella nunca va a llamar a su hija “princesa” porque esta palabra está cargada de presunciones, y que supone debilidad, la necesidad de un principe que la rescate. Ella prefiere llamar a su hija ángel o estrella. Muchas veces ignoramos que las palabras tienen un gran valor.