Sinopsis de PASADO PERFECTO

El primer fin de semana de 1989 una insistente llamada de teléfono arranca de su resaca al teniente Mario Conde, un policía escéptico y desengañado. El Viejo, su jefe en la Central, le llama para encargarle un misterioso y urgente caso: Rafael Morín, jefe de la Empresa de Importaciones y Exportaciones del Ministerio de Industrias, falta de su domicilio desde el día de Año Nuevo. Quiere el azar que el desaparecido sea un ex compañero de estudios de Conde, un tipo que ya entonces, aun acatando las normas establecidas, se destacaba por su brillantez y autodisciplina. Por si fuera poco, este caso enfrenta al teniente con el recuerdo de su antiguo amor por la joven Tamara, ahora casada con Morín. «El Conde» -así le conocen sus amigos-, irá descubriendo que el aparente pasado perfecto sobre el que Rafael Morín ha ido labrando su brillante carrera ocultaba ya sus sombras.

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12 reseñas sobre el libro PASADO PERFECTO

Había tomado la decisión de no reseñar este libro porque sabía que no sería una reseña propiamente dicha…pero es que casi nunca hago una reseña propiamente dicha, no sé hacerlas como se debe, simplemente siempre me dejo llevar y todo termina en la cercanía personal y el aluvión de sentimientos que casi nunca controlo. Pero estaba este bichito carcomiéndome desde el borrador de mi word como un Pepe Grillo provocador y rebelde, pero honesto ante todo. Así que aquí va…y recuerden, la sinopsis está en alibrate, lo que aquí dejo es mi sentir. Esta es la primera novela de la tetralogía Las Cuatro Estaciones, en la que aparece por primera vez el detective policía (policía hasta el cuarto libro) Mario Conde, y Leonardo Padura me ha dejado nuevamente encharcada de certezas y de inimaginables nostalgias. Los cubanos que, como yo, admiramos la obra de este escritor nuestro lo hacemos desde la complicidad y aceptación de que Padura no olvida (pero perdona cada vez, y esto es palpable).Le confiere al Conde todas las facetas recurrentes del protagónico de novela negra: desencantado, melancólico al exceso, bebedor, adicto al cigarro, desafortunado en amores, pero lo dota de una cubanía insalvable que te rompe el pecho, que te sacude brutalmente cada recuerdo. Te involucra, porque sin tener en cuenta la trama de esta historia, te ves ahí, en cualquier parte de mi isla, en cada calle de bonanza y penuria, en cada rincón de cuarto solitario y humilde, en cada escuela, en cada centro laboral, desenvainando el corazón para enfrentar tu vida venga como venga. Y esto es lo que más me ha gustado entender y descubrir una vez más. Esa desazón que me dejó cada noche, cuando cerrado el lector de mi laptop y con mi cabeza ya en la almohada de mis confrontamientos, yo volvía a mis vivencias personales por su culpa, a ese pasado atesorado con matices de tanto, y veía entonces no sólo a aquellos amigos inolvidable, escurridos y desperdigados por el mundo, sino que me encontré con historias similares a las de Conde joven: aquellas escuelas al campo donde aprendimos a “conocernos” y a imaginarnos cómo íbamos a ser en un futuro; aprendimos, muchos, a defender nuestra rebeldía a la entrada del Pre cuando una secretaria docente te impedía la entrada por usar muchos pulsitos tejidos de hilo en la muñeca del brazo (“no importa, me los vuelvo a tejer”, solía decirme cuando me los quitaban), o si usabas la saya del uniforme muy larga o muy corta, o los pantalones de los varones apretados como tubos imposibles, o las medias de colores y no blancas (yo las usaba negras)… Y me reencontré con aquellas reuniones de los sábados de la UJC donde un estudiante “perfecto”, idéntico al Rafael de esta novela (el que anda desaparecido y Conde tiene que buscar enfrentando a sus demonios), me dijo una vez que “un militante no podía ser tan romántico y soñador”…y fue el inicio cruel para un muy largo período de irme abriendo el cerebro a pedazos, renunciando a sueños instaurados y preservando sólo los más auténticos y “reales”. Y como Conde, también quise estudiar Letras y no bajaron plazas ese año de 1987, y estudié Logopedia y me gradué, y ejercí unos años con pasión infinita. Y después fui aeromoza y ahora una fotógrafa infantil a la que nunca se le han quitado las ganas de escribir. Pues ya podrán entender cómo este libro me ha revuelto las entrañas. Soy adicta a volver siempre al pasado, pero últimamente me duelen los recuerdos, y no por tristes (porque he sido muy feliz, y aunque uno siempre quiere más, me he realizado…algo), sino porque a pesar de todos los lugares oscuros, las personas crueles, los errores imperdonables, mi pasado es el nido de la sensible mujer que hoy soy. Gracias, Padura, por tu valor de siempre, por ser tan honorable, por escribir tan precioso, y por mostrar los cráteres ocultos, alertar de sus peligros, sobre todo, a aquellos que no se atreven a leerte y no desean que te lean…pero la vía para hacerlo la encontramos de una u otra forma. Yo, al igual que tú, soy de las que tiene mil razones para seguir en Cuba y amarla, entenderla y perdonarla...y eso a algunos les cuesta un poco entender. RECOMENDACIÓN: Una novela en el género más que diferente, y ya las palabras se me escapan. Magnífica, creo que es lo que lleva decir para que la lean y la disfruten.


El primer fin de semana de 1989 una insistente llamada de teléfono arranca de su resaca al teniente Mario Conde, un policía escéptico y desengañado. El Viejo, su jefe en la Central, le llama para encargarle un misterioso y urgente caso: Rafael Morín, jefe de la Empresa de Importaciones y Exportaciones del Ministerio de Industrias, falta de su domicilio desde el día de Año Nuevo. Quiere el azar que el desaparecido sea un ex compañero de estudios de Conde, un tipo que ya entonces, aun acatando las normas establecidas, se destacaba por su brillantez y autodisciplina. Por si fuera poco, este caso enfrenta al teniente con el recuerdo de su antiguo amor por la joven Tamara, ahora casada con Morín. «El Conde» -así le conocen sus amigos-, irá descubriendo que el aparente pasado perfecto sobre el que Rafael Morín ha ido labrando su brillante carrera ocultaba ya sus sombras. Impecable e impresionante esta novela en la que Padura narra un nuevo caso investigado por Mario Conde. Me declaro fan de Padura y de Mario Conde y de sus amigos.


Una novela negra magníficamente escrita, de las mejores que he leído hasta la fecha. El teniente investigador Mario Conde es un personaje muy singular: fracasado en el amor, tiene serios problemas con el alcohol y el tabaco, y es además un escritor frustrado que no para de soñar con ese relato escuálido y conmovedor que ha de salir de su pluma algún día. Los monólogos existenciales del Conde así como también sus recuerdos y los diálogos que sostiene con sus amigos, le sirven a Padura para hacer del detective una especie de cronista de la realidad cubana, donde se deja ver lo que ese pueblo vive y sufre, narrado a veces desde la nostalgia, y otras más, desde el humor negro. Me quedé enamorado de la Habana, de sus gentes alegres que despachan ron a diestra y siniestra, de los bares por los que anduvo Hemingway, de los amigos del Conde y su música de Creedence Clearwater Revival y de las mujeres hermosas que circularon por este relato policial tan atrapante, escuálido y conmovedor.


Es la primera novela que leo de este autor, y por consiguiente también la primera de la saga del Teniente Mario Conde. Y me he quedado gratamente satisfecho de la lectura. Es una buena novela policíaca que transcurre en Cuba y que me ha hecho recordar por momentos un estilo a las novelas de Pepe Carvalho, de Vázquez Montalbán.


La novela empieza una serie sobre el teniente Mario Conde, un policia de la Habana. Conde es un polícia con alma abatida, tendencia a la nostalgia y a ahogar sus penas en alcohol. Un hombre huraño que se topa con la muerte de Rafael Morín, un ex compañero de Pre, estudiante modélico en sus años mozos. De la noche a la mañana, la compungida esposa, Tamara, denuncia su desaparición. Y ahí comienza la investigación de la desaparición y la reaparición de los recuerdos de la adolescencia de Conde. Un pintoresco retrato de una Habana anclada en celo socialista, con unos no menos pintorescos personajes, que a mi no me ha atrapado. No lo ha conseguido y me duele decirlo, por las grandes expectativas que tenía. La manera de hablar ha sido una pequeña barrera que me ha hecho desconectar del relato. No sé, no he acabado convencida.


Esta novela nos trae uno de los casos del policía de La Habana Mario Conde. Pueden seguir la reseña en mi podcast café del libro https://open.spotify.com/episode/7hvIVnYxZVPszFv43D8HYZ?si=aW3twaXDR0-nNTJoIL0t8Q


Me acerque a esta saga, por recomendación de un periodista que lo publico en su twitter, busque la saga y en un gangazo de Buscalibre (admitamoslo, todos la usamos) compre toda la saga de Mario conde. son nueve libros que a un buen precio, son una inversión perfecta. Pero..¿Por que leerlo? Por que es una novela negra buenísima, un relato de una cuba que poco se conoce, de un personaje que si bien parece de lejos un estereotipo, de cerca y conociéndolo resulta fácil hacer empatia con el y con su particular visión de la vida. (Poirot hipotéticamente diría que es un vagabundo que no merece llevar la placa, pero que le avala sus métodos) No adelanto nada de la novela, porque hay que disfrutarla, gozarla y simplemente desentrañar su magia poco a poco. solo diré que si hace honor a su titulo, a cada uno le aplica el lema de que todo pasado, fue mejor. Y así de intimista es, de hacerte pensar no en la trama ni en los protagonistas...sino en tu propia vida. todos sin excepción, hemos tenido un "Pasado Perfecto".


Primer libro de la serie Mario Conde. Novela negra sobre un detective joven (treintaypico) con alma de viejo, decepcionado pero honesto. Nuestro héroe debe dilucidar la desaparición de un antiguo compañero del secundario, devenido alto funcionario de una empresa estatal de comercio exterior. Buena crítica a los claroscuros del régimen cubano en el origen de la restauración del capitalismo. (Hay serie en Nesflis, donde, lamentablemente, esa profundidad se pierde, limitada a una superficial corrupción de algunos policías)


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