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Sinopsis de PARIS-AUSTERLITZ

El narrador de esta historia, un joven pintor madrileño de familia acomodada y afiliado al Partido Comunista, rememora, a modo de urgente confesión que posiblemente se deba a sí mismo, y en la que a ratos parece justificarse, los pasos que le han llevado al último trayecto de su relación con Michel. Michel, el hombre maduro, de cincuenta y tantos, obrero especializado, con la solidez de un cuerpo de campesino normando; el hombre que lo acogió en su casa, en su cama, en su vida cuando el joven pintor se quedó sin techo en París; Michel, cuya entrega sin fisuras le devolvió el orgullo y lo libró del desamparo, hoy agoniza en el hospital de Saint-Louis, atrapado por la plaga, la enfermedad temida y vergonzante. En el principio fueron los días felices, los paseos por las calles de París, las copas en el café-tabac mientras duraba el sueldo, el alcohol y el deseo, el placer de amarse sin más ambición que la de saberse amados. Pero, pronto, los lienzos arrinconados en el modesto apartamento de Michel le señalan al joven que sus aspiraciones están muy lejos de esa habitación sin luz, de una relación de patio trasero que comienza a quebrarse a la vez que se acentúan los efectos de las procedencias desiguales, las diferencias de clase, de edad y de formación, pese a la firme convicción de Michel de anteponer a todo un am...

Año de publicación:2015

3 reseñas sobre el libro PARIS-AUSTERLITZ

Este libro está a medio cocinar. Trata del amor, el deseo carnal y el abandono entre un jóven pintor español y un obrero francés ya maduro en París. El tono es íntimo y la historia triste. El mérito de Chirbes es que quizá escribe a partir de experiencias personales y con sutileza. Pero la historia de amor/lujuria se hace tan asfixante que despacha el resto como si fueran retazos o figuras de cartón-piedra. Nos enteramos de que Michel, el obrero, sufrió una niñez indigna, que está alcoholizado y que es celoso y posesivo. El pintor se enamora de él en un momento de debilidad y disfruta inicialmente de la atención que recibe hasta que la estrechez de la relación comienza a sofocarlo y percibe que simplemente cumple una función para la que valdría cualquier otro. Su trabajo de pintor sufre debido a las limitaciones de Michel y la 'plaga' -como se la nombra- hace acto de presencia irrevocable. El libro parece seguir un plan cansado y típico de mucha literatura española reciente: El amor justifica arrojar la vida por la borda incluso si no se trata mas que de 'deseo'. (los autores evitan la palabra 'lujuria' por sus connotaciones religiosas). La combinacion de un liricismo casi cursi con un lenguaje repentinamente craso -una constante en la poesía reciente. Como si los autores temieran ser vistos como 'literatos' o inhibidos. Rechazo de todo lo que atufe a trascendecia, no hay grandes motivos, arcos o razones para intentar salir adelante; de nuevo es como si no quisieran ser acusados de burgueses, o peor, de moralistas (En éste libro la palabra que usa Chirbes es 'jesuítico'). Desprecio por todo razonamiento 'de derechas' políticamente hablando a la vez que el trabajo es siempre descrito como embrutecedor o innecesario. Los argumentos suelen ser pobres y basados más en el resentimiento que en una visión inclusiva. Pero esto ya son preferencias del autor y pertencen a otro tema. Falta un orden narrativo, se deja fluir la conciencia, para crear una atmósfera. Creo que esto se justifica mal en esta historia que es corta y funcionaría mejor siguiendo un patrón temporal o lógico. Se hace cansino si no está justificado -como en este caso. En resumen, me gusta el libro pero hubiera que haberlo editado un par de veces para eliminar frases mal construídas, torpes o sin acabar. Espero leer 'Crematorio' y dar al autor otra oportunidad.


En mayo de 2015, tan solo tres meses antes de dejarnos y tras casi 18 años de idas y venidas --años en los que publicó una gran cantidad de obras diferentes, entre ellas las más conocidas: La caída de Madrid, Los viejos amigos, Crematorio o En la orilla--, el valenciano universal Rafael Chirbes dio por terminada la que, por desgracia, se convirtió en su novela póstuma. Resultaría romántico añadir que lo hizo como regalo final para el mundo lector. Pero no fue así. La grave enfermedad --cáncer de pulmón-- que se lo llevó todavía no le había sido detectada. Lo cual, dicho sea de paso, impregna a la obra de un carácter mucho más dramático.Porque uno de los protagonistas de París-Austerlitz --nombre de la conocida estación de trenes parisiense--, que responde al nombre de Michel, es un enfermo terminal que agoniza en un hospital de la capital francesa. Allí, aquejado de la plaga --el narrador no informa del nombre de la enfermedad, pero se intuye que puede ser el SIDA (la novela está ambientada a finales de los ochenta o principios de los noventa, siendo presidente de la República François Mitterrand, quien murió, curiosamente, tras una larga enfermedad a causa de un cáncer de próstata)--, agota sus últimas semanas de vida prácticamente solo, abandonado y triste. El narrador de la historia es un joven pintor español que ha renunciado a la lujosa vida familiar en Madrid para buscarse un porvenir en el tan complicado mundo artístico. ¿Qué mejor destino que París? Allí, tras ser echado del piso de alquiler compartido por no poder pagar su parte del alquiler, decide emborracharse antes de decidir su nuevo destino. En uno de tantos café-tabacs conoce a Michel, matricero de una fábrica que le dobla no solo la edad sino también experiencia de vida. Entre ellos se iniciará, muy pronto, una relación pasional que colmará los deseos de ambos desde el principio. El joven español acabará viviendo en el piso de Michel, que se ocupará de él en todo momento.Juntos vivirán una historia de amor --si así se le puede llamar, ya que el propio narrador afirma en varias ocasiones no saber realmente lo que es-- que durará casi un año. En ella dominarán las visitas a los cafés, el alcohol, el desenfreno, la urgencia del sexo y el deambular por las frías calles de París en pleno invierno y sin casi dinero para dar rienda suelta a su nivel de vida. Sin embargo, esos tiempos felices, de enamoramientos fáciles, de sexo placentero y sin condiciones, ese fuego que se enciende porque sí y se extingue no se sabe por qué, llega, como suele ocurrir tantas y tantas veces, a su fin.De repente, el narrador siente que el hasta entonces deseado cuerpo de Michel comienza a infundirle repulsión; que el hecho de vivir en su casa parece obligarlo a seguir con él pase lo que pase; que necesita un piso con más luz y metros para poder pintar sus cuadros; que el aire que antes respiraban juntos se ha vuelto irrespirable; que el placer se ha transformado en un dolor cada vez más y más difícil de soportar; y que el estilo de vida de su amante no es el que realmente él quiere seguir. Y, claro: decide abandonar el piso e instalarse en uno cercano. Tanto que puede espiar sus movimientos, sus idas y venidas y sus quehaceres diarios. Mientras, el francés lo acusa de no haberse entregado a él en su totalidad ya que siempre había utilizado preservativos en sus relaciones. Algo de lo que se alegra el español, sobre todo teniendo en cuenta la grave enfermedad que ahora lo ha atrapado. Sea como sea, comienza una nueva relación entre ellos. Esta, basada en los celos, los desaires y los reproches. París-Austerlitz es una novela corta (153 páginas), de lenguaje duro, crudo y directo, de estilo narrativo depurado pero muy rápido y que presenta temas secundarios realmente interesantes: una Francia desgarrada por las dos grandes guerras; la violencia padecida por un niño a manos de un padre autoritario, despótico y maltratador; la entrega de una mujer a los invasores como única manera de poder sacar adelante a sus hijos; los reproches de los ex-amantes; y el amor como única vía de salvación posible y también como trampa mortal. Leer esta obra le hace sentir a uno como un turista que está paseando por las calles del París de hace 20 o 30 años, como un voyeurista que está presente en los encuentros sexuales de los protagonistas, como un cuidador de un enfermo terminal cuya degradación física (y psicológica) se hace evidente día a día, como un sociólogo que estudia las diferencias entre dos personas de distintas condiciones sociales y aspiraciones de vida, como un terapeuta que destripa la mente culpable de quien utilizó a una persona durante un tiempo para dejarla en la estacada a las primeras de cambio. En efecto, el narrador parece querer expiar sus pecados, descargar su culpa, soltar un lastre pesado que amenaza con hundirlo por completoEn definitiva, esta obra póstuma de Chirbes rompe radicalmente con aquello a lo que su autor nos tenía acostumbrados en sus últimas novelas


Relato breve en primera persona, obra póstuma del autor, que narra la relación homosexual desigual, intensa y trágica de un joven madrileño aspirante a pintor en la París de los años sesenta. Es la obra más personal de Chirbes y hay quiénes leen entre líneas rasgos autobiográficos en el relato, y quizás por eso más emotivo. El protagonista rememora de manera confesional el desarrollo de su relación sentimental inicialmente intensa con Michel, un obrero parisino, que luego comienza a mostrar fisuras facilitadas por la diferencia de clases, de edad de los amantes y de procedencia que ponen en evidencia en este caso que el amor solo no alcanza. Es una bella historia, triste, con toques eróticos bien narrados, a la altura del talento del autor. Muy recomendable.


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