Sinopsis de MISERICORDIA

«Misericordia», escrita y publicada en 1897, es una de las mejores obras de Galdós. Testimonio de su desilusión ideológica ante el fracaso de los objetivos regeneracionistas que él soñaba en la clase media, tiene en el pueblo su máximo protagonista. Galdós es el pintor literario del Madrid decimonónico que recrea a lo largo de toda la novela: sus calles, sus barrios más populares, los cafés y las tabernas, los figones y casas de dormir, los cajones comerciales de algunas plazas, los oratorios e iglesias, los cementerios? Y junto a ello una magnífica colección de personajes que se mueven de lo real a lo imaginativo, de lo tangible a lo simbólico en una cuidada mezcla que se extiende a través de toda la obra.

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19 reseñas sobre el libro MISERICORDIA

No cabe duda de que el título de esta obra de Perez Galdos va perfectamente con la disposición enfermiza de la protagonista por ayudar a los que sufren y compadecerse de los necesitados. Esa cualidad de santa, es el eje sobre el que giran las historias de opulencia y decadencia (donde por cierto el autor no escatimó en detalles descriptivos sobre la mendicidad y la indigencia) en la sociedad madrileña de finales del siglo 19. Una obra fascinante y a veces surreal.


En Misericordia aparece la vieja Benigna, que tiene que pedir limosna para ayudar a sus señores, esos señores que pertenecen a la clase "del quiero y no puedo". Junto a Benigna nos encontramos a todos aquellos personajes que practican la mendicidad en Madrid en el siglo XIX. Destaca Almudena, que procedente de Marruecos habla una jerga incomprensible. La novela posee un lenguaje poderosísimo.


En esta novela se nos muestra lo más bajo del Madrid del siglo XIX: personajes míseros, pordioseros, que han de pedir limosna para poder llevarse algo de comer a la boca. Sus personajes, que también cobran vida gracias a las descripciones de Galdós, hablan con términos acordes a su condición social. Es una novela realista en toda regla. En ella se nos muestra cómo las almas más puras son las que nada tienen, pero, a su vez, todo lo comparten. Este es el caso de Benina, que mendigará a lo largo de toda la obra a espaldas de su ama para poder mantenerla, y aún así no le faltará media peseta para dársela a algún necesitado, quedando ella misma sin comer por su enorme caridad y humildad. A más de uno se nos parte el corazón con el final tan ingrato que le depara Misericordia a nuestra Nina, que es una santa. Es una novela preciosa, merece mucho la pena.


La obra, ambientada en el Madrid del siglo XIX, narra la penosa existencia de varios personajes en pleno centro de la capital española. Desde el inicio y a lo largo de todo el relato, el autor nos va exponiendo imágenes y situaciones descorazonadoras y deprimentes, donde los personajes se relacionan en un contexto de miseria e infortunio. La sensación de desasosiego es continua y se extiende durante las 350 páginas de la novela. Galdós nos convierte en espectadores en primera línea del ambiente de pobreza en el que se desenvuelven mendigos y pordioseros. A través de un narrador cercano, omnipresente y en tercera persona, el lector observa con minucioso detalle todo lo que ocurre en la trama. El lenguaje utilizado por los personajes es familiar y corresponde al nicho en el que el autor pone el foco en la novela. Llama la atención la multitud de referencias de los protagonistas a la Providencia, a Dios y a otros entes espirituales en contraste con su vida y actitudes mundanas. Esta dicotomía personal – probablemente fiel reflejo del ser humano – ahonda en la sensación de desesperanza, desorientación y pérdida del rumbo vital de los personajes. La novela alterna diálogos, monólogos y reflexiones internas de los protagonistas, fruto de la angustia y preocupaciones existenciales, así como de sus sueños y anhelos; todo ello sin oscurecer la narrativa y trasponiendo las imágenes a párrafos perfectamente hilados, legibles y con una prosa dinámica que en nada enturbian o entorpecen la lectura. Por si fuera poco, la obra se caracteriza por una inmensa riqueza de léxico castellano y un vocabulario ajustado al estatus e incluso a la procedencia de los personajes – véase al ciego Almudena – que acrecientan la impresión de realismo de la obra. En definitiva, Galdós firmó con Misericordia una obra magistral, dejándonos pasajes tan precisos y verídicos como este: Así en lo malo como en lo bueno, siempre se deja un rabillo para que lo desuelle el destino. En las mayores calamidades permite siempre un respiro; en las dichas que su misericordia concede, se le olvida siempre algún detalle.


Buena historia, Bonito mensaje y enseñanza


Deliciosa historia de bondad y egoísmo. La Señá Benina es la bondad hecha carne. Aunque el argumento es previsible, la historia está escrita con la maestría habitual de Galdós. La recreación del ambiente de la mendicidad madrileña es sublime. Otra obra imprescindible.


MISERICORDIA - Benito Pérez Galdós Volver a Galdós no sólo es volver a la buena escritura, es beber de la fuente del castellano más rico, con expresiones que, por desgracia ya han caído en desuso. La jerga popular de los barrios bajos, la transcripción del chapurreo castellano del moro de Jerusalén... Llevaba tiempo queriendo volver a él y me apetecía que fuera Misericordia el motivo de retomar su lectura. Aquí me encuentro aún, saboreando la riqueza de vocabulario y descripciones, reviviendo esa España del XIX tan magníficamente pintada por D. Benito. La historia de familias de alcurnia venidas a menos que se niegan a conocer la miseria de su propia realidad y una criada Benina, un personaje simplemente sublime. Una mujer dentro de la picaresca que vive de la caridad, pide para ella y para los suyos, esa Doña Paca y sus hijos que se mueren de hambre pero no son capaces de trabajar o de pedir para sobrevivir. Benina, criada un poco sisona cuando hubo posibles, busca bajo tierra para poder dar de comer a ese grupo de irresponsables a los que quiere. Ingratos que cuando la fortuna vuelve a sonreirles la dejan a su suerte como un trasto viejo. Preciosa la relación de amistad entre Benina y el ciego Almudena, ese moro que es capaz de ver en ella el interior, y que le muestra caminos de esperanza de los que finalmente se aprovechan otros. Una mujer en la miseria que no puede ver el sufrimiento de otros y que se quita el pan de la boca por llenar estómagos cercanos y lejanos. Ese Madrid del barrio de las letras, esa parroquia de San Sebastián, ese olor a pobreza que se clava, no es más que una protesta social que Galdós trae a nuestros días, una España de miseria que se repite en este circulo vital sin que aprendamos nada de ella. Y Don Frasquito, ese viejo enmomiado que se niega a reconocer su miseria, que vive ateniéndose a las normas de la clase social a la que ya no pertenece, y que muere de hambre antes que pedir limosna, Don Frasquito será el único en finalmente afrontar la verdad, la verdad de que Benina lo ha dado todo por ellos, que ha mendigado por darles de comer , por no verles sufrir, ha trabajado sin descanso. Un golpe y la muerte le obligaran a gritar la verdad a a todos, a Doña Paca, a Obdulia a Juliana... Y Benina, sin rencor, con la conciencia tranquila acepta su destino y se mantiene al lado del ciego Almudena que tanto le había ayudado en otros tiempos, otro alma noble que se quitaba el pan de la boca por dárselo a Benina. Sin duda una novela por la que no pasa el tiempo y que con tintes del pasado nos devuelve a muchas realidades actuales. No es indigno pedir caridad, no hay indignidad en la pobreza, lo indigno es no saber agradecer a quien un día te dio su mano para que sobrevivieras.


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