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Sinopsis

Ignoro cual sea el caso de “Mis primeros dos mil años”, de George Silvester Viereck & Paul Eldridge, aunque sospecho que con sus cuatro o cinco ediciones de por vida, acaso le hizo falta difusión. Tampoco hay que creerse la mentira de que hay libros de altura solo para letrados. Un libro es libertad y está al alcance de cualquiera, trate del tema que trate. Pero bueno, hablemos un poco de esta obra, para mí monumental, en donde la vida de El judío errante casi se nos presenta como un símbolo cósmico. Cartaphilus (o Isaac Laquedem) es el protagonista principal, que a veces es opacado en su papel por la enigmática presencia de Kotikokura, una especie de homúnculus, un hombre-mono que se convierte, casi desde el principio, en su eterna sombra, y que quizá represente la omnisciencia mortal que acompaña al hombre mientras vive. Cartaphilus es un judío que aborrece ser judío; por ello adopta la personalidad de un romano por ser éstos los que detentan el poder sobre los hebreos en los tiempos de Jesús. Así, Cartaphilus es uno de los soldados que están presentes durante la crucifixión del Mesías en Jerusalén, en los días de los panes ácimos. Todo comienza con una escena casi indescriptible en la que Cartaphilus, lleno de odio y animadversión, se niega a prestarle ayuda a Cristo mientras éste lleva cargando la cruz hacia el Calvario. Por esto, Jesús le lanza una maldición: “Yo seguiré, pero tú errarás hasta que yo regrese”. Cartaphilus intenta continuar su vida, pero sus amigos más cercanos, María Magdalena y Juan el apóstol se confiesan seguidores de Jesús, a quien él ha despreciado. Carente de hijos, de amigos y de valores, con el paso de los años ve envejecer a su esposa mientras en él sigue brillando el vigor de la juventud. Ante el inminente cumplimiento de la maldición en su vida, Cartaphilus decide huir de Israel. Es así como el personaje da inicio a una vida solitaria y errabunda apareciendo, acaso por designio divino, en distintos escenarios del tiempo, junto a situaciones y figuras que jugaron un papel relevante en la Historia conocida. Es Cartaphilus quien aconseja a Nerón de que culpe a los cristianos de incendiar Roma, y es él quien, haciendo uso de su ingenio maligno y artificioso, y ayudado siempre por el misterioso Kotikokura, hace ver la cruz esplendente a Constantino. Es él quien convive con Atila, el azote de Dios, y quien paso a paso se va convirtiendo en el consejero de los más ilustres personajes que forjaron la historia. Los recursos económicos de Cartaphilus son inagotables y fluyen sobre su vida como si fuesen parte de su misma condición de maldito. Vagando por el mundo conocerá a Fausto, a Don Juan y a Casanova; tendrá trato carnal con Salomé, su amor imposible, que también vaga en la noche de los tiempos, e influirá con gran poder persuasivo sobre las decisiones de cada época sin que en su cuerpo aparezcan señales de decrepitud o decadencia. Su amor es Salome, la que pidió la cabeza del Bautista a cambio de danz

Año de publicación:1978

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