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Sinopsis de LOS DEMONIOS DE LOUDUN

En el año 1631, en la aldea francesa de Loudun, las monjas de un convento de ursulinas fueron poseidas por demonios que les engendraban espantosos impulsos hacia el parroco local, hombre culto y hermoso adorado por las mujeres de la aldea y detestado por sus maridos. Acusado de hechiceria, fue preciso que interviniera el mismo cardenal Richelieu para poner fin a la agitacion que se habia concitado.De Urbain Grandier, el protagonista, se han dicho las mas grandes atrocidades, sin que nunca llegaran a probarse.Huxley nos lleva a lo largo de esa vida, que se ve arrastrada a un final terrible: Grandier es juzgado por brujeria, torturado y quemado vivo. Surge entonces otra de las sorprendentes facetas de la personalidad del parroco: este sensual, este soberbio, se convierte, a traves de su martirio, en un hombre y en un cristiano; se niega a hacer falsas confesiones, a aceptar pecados que no ha cometido y, cuando muere, lo hace con pleno arrepentimiento de sus faltas, lleno de humildad ante Dios.

Año de publicación:1952

1 reseña sobre el libro LOS DEMONIOS DE LOUDUN

Talentoso e inteligente, culto y educado, tenaz y bien parecido, Urbain Grandier lo tenía todo para lograr el éxito en lo que sea que emprendiese. Eligió la carrera eclesiástica, y en ella, ninguna de sus cualidades fue suficiente para evitar que fuera quemado en la hoguera 16 años después de haber sido ordenado sacerdote, en el año 1633. Tras un proceso fraudulento, plagado de influencias personales subjetivas, y por una causa inexistente, Urbain Grandier, como muchos otros en aquellos tiempos, fue hallado culpable de herejía, torturado física y mentalmente hasta niveles qué sólo los humanos pueden desarrollar, y finalmente asesinado públicamente. La historia (real) transcurre en una época en la que la Iglesia discutía el poder con la estructura política civil, teniendo en su seno, además, fisuras que comenzaban a marcarse cada vez más notoriamente. Las diferencias entre los jesuitas y la Soborna, al tiempo de los entredichos con los jansenistas, generaron conflictos a los que el clero secular sólo pudo poner fin con resoluciones drásticas en las que no mediaron ni discusión, ni diálogo. Por otra parte, la vida de los clérigos distaba mucho del ideal espiritual al que debían someterse para ejercer su misión de vivir y transmitir el evangelio. En este marco, la ciencia también tenía su propio debate entre lo empírico y lo teórico, y, por supuesto, su particular discusión con el clero. Con independencia de la realidad de cualquier fenómeno paranormal, diversas patologías, en lugar de ser identificadas como tales, eran simplemente atribuidas a poderes sobrehumanos, normalmente demoníacos, los cuales tendían a ser catalogados bajo el terrible rótulo de hechicería. En este sentido, algunas marcas en la piel, o algún ataque nervioso, podrían significar pruebas contundentes de una posesión satánica, e inevitablemente la correspondiente condena del que lo padecía a la hoguera, pues implicaban tratos con el diablo. Aunque suene paradójico, la complejidad de “Los demonios de Loudun” se basa en la claridad con la que Aldous Huxley nos expone el relato. A cada acción de cada protagonista, a cada suceso puesto en escena, el autor nos brinda el sustento intelectual y emocional de cada uno de ellos, agregando, además, su propio y objetivo punto de vista, el cual halla argumento en los tratados científicos y teológicos de la época, y, como era de esperarse, en pasajes de la Biblia. Huxley, no sólo nos cuenta sobre los hechos ocurridos, sino que además nos ilustra acerca del porqué tuvieron lugar. Este libro, este fenomenal libro, no sólo es fuente de increíble riqueza para quien lo lee, sino que termina siendo una verdadera lección de literatura de alto nivel, tanto para lectores, como para escritores, pues Huxley, como muy pocos, vuelca en la historia no sólo su habilidad narrativa, sino que expone la incontestable distancia que supone escribir desde una posición erudita sobre los hechos que aborda. He aquí el punto de quiebre, la extrema diferencia entre lo bueno y lo mejor, entre la literatura que simplemente entretiene, y aquella que nos presiona con fineza a buscar el sentido de las cosas.


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