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Sinopsis

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Año de publicación:2016

1 reseña sobre el libro LOS DEMONIOS DE BERLIN

Díficil misión la de Arturo Andrade en los días de la toma de Berlín por los soviéticos. Debe encontrar al asesino de un científico del programa atómico que están desarrollando los alemanes, última esperanza para ellos, pero sobre todo debe intentar poner a salvo a la mujer del que esta enamorado. Con esta novela se cierra, en palabras del autor al final de la novela y de momento, la trilogía protagonizada por Arturo Andrade. Es todavía más dura que las anteriores “El arte de matar dragones” y “El tiempo de los emperadores extraños” y me he tenido que tomar mis tiempos para digerir lo que estaba leyendo. Para mi casi ha sido lo de menos el argumento, a veces un poco rebuscado y en otras poco creíble, la historia que hace de telón de fondo del argumento ha sido la verdaderamente impactante. No es ficción, no lo es. Pasó. Pero es que puede estar pasando y volver a pasar. Es la historia de los perdedores de la guerra, de cualquier guerra, perdedores, que muchas veces son totalmente ajenos a las intrigas de sus gobernantes y que pagan con su vidas los errores ajenos. Ignacio del Valle sigue sin escribir para estómagos delicados, pero engancha. Veo, para mi alegría, que hay una cuarta entrega, pero voy a dejar pasar unos días y descansar de tanta crueldad.


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Frases de LOS DEMONIOS DE BERLIN

—Abandonar, empezar de nuevo, sino no podríamos crecer. Sufrir para crecer, para perder la inocencia y convertirnos en seres razonablemente perversos, en hombres, ¿vale la pena tanto dolor?

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Sylviabcn

Entonces Arturo se sintió perdonado, liberado, conmovido, abrazado. Y Bach fue ya el único misterio.

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Si el amor fuese un lago, él aguantaría la respiración y empezaría a hundirse con una piedra entre las manos.

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¿Y qué sagrada majestad cabría atribuirle a la casualidad por engarzar en apenas una hora todos los hilos dispersos en un solo destino?

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Porque Arturo no sabía cómo era la conciencia de un criminal, pero sí cómo era la suya, y le aterraba: era suficiente con mirarse a un espejo. En eso sí había acertado aquel loco: bastaba un hombre corriente.

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