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Sinopsis de LA TREGUA

La tregua, segunda entrega de la trilogía memorial de Primo Levi, es el libre del retorno. En él, el grupo de los supervivientes italianos de Auschwitz culmina un viaje absurdo y tortuoso a través de media Europa, y el atónito lector asiste a la infinita riqueza de la humanidad en los mercados clandestinos de Cracovia, los cuarteles del ejército Rojo, las borracheras de la soldadesca y las añoranzas de los italianos camino de casa.

Año de publicación:2002

2 reseñas sobre el libro LA TREGUA

Primo Levi relata con sobrecogedora sencillez cargada de incomprensibles situaciones, el largo periplo,por Europa del este, de repratriación de los sobrevivientes italianos desde Auchwitz y otras zonas después de la guerra. Con este libro el segundo de la triología cierro la serie que inició con su obra máxima en 1947 Si Esto es un Hombre, sigue con La Tregua en 1963 y termina con Los Hundidos y los Salvados en 1986.


Esta segunda parte de la Trilogía de Auschwitz continúa con la narración del viaje del autor, de regreso a Italia, luego de superar el cautiverio en el campo de concentración, y lo hace de una manera desapasionada y objetiva. Relata de una manera sencilla el largo periplo hacia el hogar de quienes fueron sus compañeros de infortunio, por lo que sigue deslumbrando la capacidad de contar la tragedia que le tocó vivir en carne propia, cómo lo hizo en "Si esto es un hombre". Recomendable, para los que gusten de esta temática.


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Frases del libro LA TREGUA

Encendimos hogueras en el bosque, y nadie durmió: nos pasamos el resto de la noche cantando y bailando, contándonos las aventuras pasadas, y recordando a los amigos perdidos: porque al hombre no le es dado gozar de una felicidad completa.

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Luis Peña

La nostalgia es un sufrimiento frágil y dulce, esencialmente distinto , más íntimo, más humano que los demás sufrimientos que habíamos soportado hasta entonces: golpes, frío, hambre, terror, privaciones, enfermedades.

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Luis Peña

Aquellos buenos súbditos, buenos ejecutores de todas las órdenes, buenos instrumentos del poder, no poseían por sí mismos ni una parcela de poder. Estaban vacíos e inertes, como las hojas muertas que el viento acumula en las esquinas resguardadas...

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Soñábamos en las noches feroces, sueños densos y violentos, soñados con el alma y con el cuerpo: Volver; comer, contar lo sucedido. Hasta que se oía breve, sofocada, la orden del amanecer: <<Wstawac>>, Y el corazón se nos hacía pedazos.

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