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Sinopsis

Basada en su creciente poderío económico, su particular modelo autoritario y el músculo de 1.300 millones de personas, ¿cómo está China convirtiéndose en la potencia hegemónica del siglo XXI? ¿Cómo encaja el gigante asiático en el nuevo orden mundial que se fraguó tras la crisis de 2008? ¿Qué tensiones provocará su ascensión? ¿Será el mundo un lugar mejor donde vivir bajo los mandatos de una China más poderosa? Estas son algunas de las preguntas a las que responde este libro en base a una investigación única en su género, realizada por dos periodistas españoles a lo largo y ancho de 25 países del mundo en desarrollo, que permite descifrar las claves y entresijos de la actual expansión silenciosa de China por el planeta, incluidas sus consecuencias socio-económicas, medioambientales y geopolíticas. Desde las minas de cobre de la República Democrática del Congo y las explotaciones de gas natural del desierto de Turkmenistán, hasta el impacto medioambiental en los bosques de Siberia o los grandes proyectos chinos de infraestructuras en la Amazonía ecuatoriana o el Nilo, los autores describen a través de historias humanas y hechos los movimientos tectónicos de hoy para entender lo que acontecerá en el futuro. ¿Cómo extiende sus tentáculos el gigante para garantizar su suministro de petróleo a largo plazo? ¿Con qué estrategias desbanca Pekín a su competencia occidental? ¿Cómo encaja África la avalancha de emigrantes chinos? ¿Qué impacto tiene a nivel local la nueva Ruta de la Seda de los productos Made in China? ¿Qué secretos esconde la estrecha relación de Pekín con algunas de las más crueles dictaduras del planeta?

Año de publicación:2011

1 reseña sobre el libro LA SILENCIOSA CONQUISTA CHINA

¿QUIÉNES SON TUS ENEMIGOS? ¿QUIÉNES SON TUS AMIGOS? ESTA ES LA PREGUNTA MÁS IMPORTANTE PARA LA REVOLUCIÓN. Notable obra de investigación periodística sobre como China esta conquistando el mundo y no pasa solo por el aporte de capital, sino estar en el día a día, en las obras que están realizando. “Al empuje del sector privado chino hay que añadir, por otro lado, la eficacia de un modelo chino que pone su fabulosa pegada financiera al servicio de los objetivos estratégicos nacionales. La financiación casi ilimitada que ofrecen los «bancos de desarrollo» chinos (policy banks, en inglés), como el Exim Bank y el China Development Bank (CDB), suponen una ventaja comparativa de incalculable valor en una época dominada por arcas vacías y mercados secos de liquidez. De entrada, sus préstamos sirven para que las empresas estatales de sectores extractivos compren activos estratégicos, cierren acuerdos de suministro a largo plazo o desarrollen proyectos para la explotación de recursos naturales; o, también, para que sus constructoras vayan a las licitaciones de obras internacionales con el paquete financiero más tentador del mercado. Además, los fondos del Exim Bank y del CDB son recurrentes para conceder a países como Irán, Ecuador, Venezuela, Angola o Kazajistán, entre muchos otros, créditos millonarios casi siempre garantizados con petróleo y bajo condiciones habitualmente clasificadas como confidenciales. A pesar de la crisis, Pekín se convirtió en 2009-2010 en el primer prestamista del planeta al conceder en esos dos años más de 110.000 millones en créditos, superando al Banco Mundial. El arma financiera no puede ser más letal: ser el banquero del mundo sirve al gigante asiático para apuntalar su diplomacia e influencia internacionales, pero también para dar a China S.A. —el triunvirato formado por Estado-Partido, bancos y empresas estatales— la munición necesaria para desbancar, como hemos comprobado en un sinfín de países, a sus competidores. Todo ello sin rendir cuentas a nadie. Esa cuestión nos martilleaba. ¿De dónde sacan el Exim Bank y el CDB sus ilimitados recursos? ¿Por qué razón es China, un país en desarrollo, capaz de exhibir semejante músculo financiero mientras el resto del mundo se desangra económicamente? ¿Dónde está el secreto de su fórmula mágica?, nos preguntábamos. La respuesta al enigma se halla en el corazón mismo de la dictadura: en última instancia, es el pueblo chino quien paga —quiera o no— los sueños de grandeza y ambiciones del Estado chino. ¿Por qué? Por un lado, el Exim Bank y el CDB se financian con emisiones de bonos que compran los bancos comerciales chinos, desembolso que respaldan los depósitos de 1.300 millones de chinos que —ante la ausencia de Estado social— economizan más de un 40 por ciento de lo que ganan, la mayor tasa de ahorro del mundo. Por otro, esa ingente cantidad de depósitos se conjuga con lo que los economistas llaman la represión financiera, que en el sistema chino supone que los depositantes son forzados a perder dinero con sus ahorros.”


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