LA BALADA DEL ALAMO CAROLINA

HAROLDO CONTI

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Sinopsis

A principios de los años noventa era una estudiante de bolsillos flacos, en Paraná. Pasaba buena parte de mis tardes revolviendo en las tres o cuatro librerías de viejo que había en la ciudad. Un día me topé con La balada del álamo carolina, un ejemplar bastante castigado por el tiempo y el descuido de sus dueños anteriores. Nunca había leído nada de Haroldo Conti. Me llamó la atención el título: además de un título hermoso, en ese título estaba la palabra álamo, uno de mis árboles favoritos. En mi recuerdo más antiguo hay dos álamos que se balancean con el viento en un amanecer blanco de escarcha, en el campo. Pagué la moneda que me habrá costado, no más de un peso, seguro. Pero hasta que empecé a leerlo no supe cuán acertada había sido la relación emotiva (hoy diría el link emotivo) que me había empujado a comprarlo. Los relatos de La balada del álamo carolina están atravesados de la melancolía y el lirismo de los primeros recuerdos, de las personas entrañables que pueblan y les dan vida a esas escenas de la infancia y de la juventud. El pueblo con sus miserias y sus pequeñas dichas. La familia. La casa paterna. Los personajes que pasan su vida acodados en el boliche. El que se fue a la ciudad y vuelve de visita y alborota un poco ese avispero adormecido por las horas que parecen no pasar nunca. La prosa de Conti es sencilla al mismo tiempo que va al corazón de los asuntos; y de esta combinación resulta un libro memorable, que viene a decir algo propio sobre temas universales como la evocación, el lugar de donde venimos, quiénes o qué somos. Y sobrevolando todos los relatos, la voz del álamo carolina que nos susurra una verdad bella, poética y contundente: un día de un viejo árbol es un día del mundo.SELVA ALMADA

Año de publicación:2015

1 reseña sobre el libro LA BALADA DEL ALAMO CAROLINA

Diez relatos le bastaron a Conti para ergir la mitología de su natal Chacabuco; con tan sobresalientes personajes como un cohetero retirado hacia el olvido, un ávido entusiasta del vuelo humano, el omnipresente álamo Carolina y un eterno y maravilloso corredor de fondo. A medida que uno lee se ríe y se llora, pero sobre todo se anhela.