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Sinopsis

Cada vez que se mencionan las grandes inquietudes de nuestro tiempo ?el racismo, la intolerancia, la violencia, el abuso de drogas, etc.? se llega a la misma conclusión: son cuestiones que deben afrontarse desde la escuela. Pero también sabemos que en casi todos los países se habla de crisis de la educación y se suceden cacofónicamente los planes de estudio, el desconcierto de los maestros, las protestas de los estudiantes, las quejas de los padres, los debates entre partidarios de la enseñanza pública y la enseñanza privada. Parece oportuno hacer un alto y plantear las cuestiones esenciales: ¿qué es la educación?, ¿qué ha sido y qué puede llegar a ser?, ¿qué esperamos de ella?, ¿consiste en la mera transmisión de conocimientos o debe formar para la ciudadanía democrática?En este ensayo se intenta responder a estas preguntas y también acercarse a otras cuestiones fundamentales: la tensión educativa entre disciplina y libertad, el eclipse de las humanidades, los límites de la neutralidad escolar, el papel de la familia, la formación moral y su relación con el sexo, las drogas o la violencia, etc. Se trata de una reflexión de alcance filosófico pero cuyos resultados prácticos atañen al más amplio espectro social: por eso el libro se abre con una carta dirigida a una maestra y se cierra con otra destinada a una ministra. Completa la obra una breve antología de textos de filósofos y escritores sobre el tema educativo.

Año de publicación:2004

5 reseñas sobre el libro EL VALOR DE EDUCAR

#7 Es importante nutrir la profesión docente de reflexiones educativas, aunque no siempre esas apegadas a currículos o "problemas escolares" sino que deben nutrir desde un reto al educador y mostrar lo pedantes que podemos llegar a ser. Ha transcurrido tiempo desde la aparición de este libro, aunque los temas tratados en este texto van más allá del tiempo. Es magnífico como presenta la necesidad de entender que el educar no es sólo de los profesores y las escuelas, es algo que transciende y se enmarca en la sociedad, porque de nada vale las escuelas si no se da el primer proceso de socialización en las aulas, donde ya los niños no son dejados de lado como personas de segunda sino que en el encuentro con otras personas de su misma edad comienzan a considerarse ciudadanos. Este descubrirse protagonista de la vida, no ha de ser coartado en las familias o en las sociedades. Otro tema importante, es el emplazamiento realizado a sus colegas docentes mostrando que la pedantería parece ser un sello del profesor, un signo que lo distingue y le da opulencia, cuando solo es un acto tan reprobable como un sin sentido. En fin, es un texto de reflexión no en busca de la vocación o de la autosuperación, sino tomar por los hombros al educador, hacerlo tocar el suelo y reconocerse como quien ha de enseñar a pensar, aunque la sociedad no piense en él como alguien de suprema importancia.


Nunca como ahora la educación hace la diferencia entre sufrir y ser feliz. En un periodo de la historia de la civilización moderna como este, el sentido de la educación radica en la búsqueda de sí mismo. Savater plantea ideas y propone rumbos para aquellos que tienen en sus manos el futuro: los niños y adolescentes: padres, instituciones y sociedad deberán trascender la educación escolarizara y libresca para ir a las fuentes originales de la educación: que cada hombre sea capaz de hallar en si mismo el conocimiento y las condiciones que le permitan encontrar la plenitud de su existencia. Savater hace una crítica a todo lo que impide llegar a ese ideal, pero deja abiertas algunas puertas por donde se ve una luz en lontananza...


Savater nos presenta una serie de reflexiones, algunas verdaderamente brillantes, sobre el oficio de profesor. Viéndolo como una actividad humana en toda su complejidad. Es decir, no omitiendo el carácter imperfecto del que pretende educar. Bajo ninguna circunstancia se idealiza al maestro, se le mira con el ojo realista pero honesto; y se reivindica. Gran texto, que deben leer todos los que se dedican a la enseñanza.


Todos en algún momento somos maestros de alguien


Con el lenguaje claro y accesible que caracteriza el autor, valora la educación como un acto humano. Profundamente humano. Insostituible por la tecnonología.