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Sinopsis

Una miscelánea que da cuenta de las preocupaciones que recorren toda la obra borgiana. «Yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica.»En El hacedor confluyen las simbologías de Oriente y Occidente, el cosmos y las cosmogonías, los siglos, las dinastías, lo universal y lo profundamente local: Heráclito, Homero, Dante con Rosas, Facundo y Juan Muraña. Tal diversidad de temas se corresponde con una multiplicidad de géneros. Así, los relatos, poemas y ensayos de estas páginas terminan configurando uno de los libros más personales del autor; .Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 - Ginebra, 1986) es uno de los mayores escritores de habla hispana.

Año de publicación:1960

8 reseñas sobre el libro EL HACEDOR

"Los hombres inventaron el adiós porque se saben de algún modo inmortales, aunque se juzguen contingentes y efímeros." Cuál categoría elegiría Borges para sí mismo? Probablemente se haya creído tan efímero que necesito escribir para no olvidar su humanidad. Borges lo hizo de nuevo.


Buen libro de Borges. “El cautivo” es un gran cuento que expresa de una forma magnífica el impulso por la búsqueda de la identidad, la historia argentina, y latinoamericana, de mestizaje y de divisiones. En este libro está el gran poema Ajedrez, con su famoso final: “Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza…de polvo y tiempo y sueño y agonías.”


Este libro es una recopilación de cuentos y poesía. Borges siempre se llamó a sí mismo poeta y desdeñó un poco sus cuentos. Creo q lo comprendí cuando termine este libro. No se me mal interprete, sus cuentos muchas veces son geniales. Son un juego, una pintura de las ideas que a él más le llamaban la atención sobre religión o filosofía. La eternidad, el libre albedrío, la circularidad del tiempo... Pero su poesía, que también transcurre por estos temas es mucho más que esto. Un ejemplo de lo que digo: iba leyendo este libro de viaje al trabajo y la poesía de Borges lograba quitarme, extrapolarme del tiempo y el espacio. Tenía que mirar por las ventanilla del subte para saber qué aún estaba ahí. ¿Lo estaba?


Según el epílogo, el libro más biográfico de Borges. Mitad relatos y mitad poesía que rondan alrededor de la muerte, el tiempo y la eternidad, los recuerdos y el olvido y los espejos, que, en la literatura de Borges son uno y diferente: un río como el de Heráclito. Para mí, la confirmación que Borges es mejor en prosa que en verso, pero es solo una suposición.


Para quien quiera abordar la poesía de Borges, muy especialmente para quienes se hayan acercado previamente a su literatura desde sus ensayos sin haberle "encontrado la vuelta", no hay un libro mejor a El Hacedor. En él (junto, quizás, a "El Otro, el Mismo"), están los poemas más conmovedores de Borges, metáforas y versos increíbles (...La mojada / tarde me trae la voz, la voz deseada / de mi padre, que vuelve y que no ha muerto.), cuentos de un ingenio sorprendente. En mi modesta opinión, la cumbre de la obra de Borges.


Sólo el prólogo encierra lo más aciago de la literatura borgiana. Quizá mi favorito de Borges


El mejor prologo del universo borgeano


Son muchas las convergencias que logra Borges en este libro, el aliento narrativo como la estocada justa del verso, la imagen precisa capturando un instante, y la sugerencia más abarcadora. Un sujeto, que pueden ser todos, dibujado desde un emisor sapiente, cálido en cuanto está involucrado a lo que refiere, distante en tanto no sacrifica el árbol por lo necesario que se hace manifestar el bosque entero, sostiene mayoritariamente el esquema de un discurso expuesto a manera de peldaños conformando una escalera en espiral, imposible de reducir a un principio, inútil de precisarle algún tipo de destino, o de presagiado final. “Conocía el terror pero también la cólera y el coraje, y una vez fue el primero en escalar un muro enemigo.” Por ejemplo, es uno de esos trazos en donde la precisión pudiera devenir de miles de historias estudiadas, o de una sola vivida a conciencia de emoción, suponiendo que no sepamos de los niveles de instrucción del autor. En “Vivía con los suyos en un desmantelado caserón de cielo raso altísimo, en el resentimiento y la insipidez de la decencia pobre.” encontramos, si bien una similar manera de exposición, una fuente un tanto diferente, donde es su observación que reluce. Por supuesto, lo recurrente y lo concatenado de toda su obra se dejan entrever, así “Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena”, “… salvo que exista una memoria del universo, como han conjeturado los teósofos”, “… el sueño de uno es parte de la memoria de todos”, son sentencias que surgen como improvisadamente, como destellos que aunque un lector entrenado los podrá ver venir, igualmente es imposible desprenderse del goce que provocan, incluso en aquel guiño lujoso de “Inferno, I, 32”, donde convoca al Dante y a San Agustín a repetir con él el infinito. Ya en la poética, el autor no se priva ni del ritmo que casi oculto está vibrando, ni del mensaje velado que obliga a una segunda lectura, “Pensaba que el poeta es aquel hombre/ que, como el rojo Adán del Paraíso,/ impone a cada cosa su preciso/ y verdadero y no sabido nombre”, y se nos muestra capaz de cruzar desde el Génesis hasta el Apocalipsis “Es uno de los símbolos que al hombre/ da el hado o el azar que un día/ de exaltación gloriosa o de agonía/ pueda escribir su verdadero nombre”, en un derroche sin ostentación de talento. “A veces en las tardes una cara/ nos mira desde el fondo de un espejo;/ el arte debe ser como ese espejo/ que nos revela nuestra propia cara.” Tal cual, asumiendo riesgos donde pudieran parecer innecesarios, el autor se desliga de cadenas sin necesidad de romperlas para ofrecernos si no una escuela literaria, entera y propia, sí una manifestación en donde el saber hacer permiten el deleite y hasta una razonada enajenación. “El hacedor” constituye un paseo por una estética abstracta que no prescinde de lo cotidiano, y un ejemplo de cómo decirse a nivel universal desestimando aquello de ser original.