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Sinopsis de EL FERROCARRIL SUBTERRÁNEO

En aquella plantación de Georgia, la vida de los esclavos era un infierno de vejaciones, castigos y muerte. Pero incluso entre los marginados hay marginados. Abandonada por su madre, Cora no solo ha de hacer frente a la crueldad sin límites del amo blanco, sino a la violencia de otros esclavos que desean su cuerpo o quieren arrebatarle la mísera parcela de tierra junto a su cabaña. Cuando Cesar, un joven de Virginia, le habla del ferrocarril subterráneo, ambos deciden iniciar una arriesgada huida hacia el Norte en busca de la libertad.

6 reseñas sobre el libro EL FERROCARRIL SUBTERRÁNEO

Abandoné este libro en marzo del año pasado con solo 100 páginas hasta el final. No estoy segura de si me arrepiento de ello. El ferrocarril subterráneo nos cuenta la historia de Cora, una muchacha negra que vive marginada en la plantación en la que trabaja. Decide fugarse, por petición de un compañero, en el ferrocarril subterráneo que, en teoría, existió y ayudó a muchos fugitivos negros a escapar de la esclavitud. Nació esclava y pasó por mucho para intentar conseguir la famosa libertad. Los horrores que sufre, desde una violación hasta perder a sus seres queridos, pasando por otros tantos trágicos sucesos más hacen ligeramente dura la lectura. Pero, al mismo tiempo, hacen que la novela se convierta en una lectura brillante, conmovedora y que no deja de impactarnos por lo que la comunidad africana tuvo que soportar (y sigue haciéndolo). Sin embargo, es cierto que la dejé a medias una vez. Y estuve a punto de hacerlo una segunda. Hay un capítulo ("Tennessee", se llamaba) que es especialmente pausado, incluso tedioso, en el que se describen paisajes y sucesos varios de este estado. Es más bien una reflexión, pero no tiene ninguna relación con el estilo del resto de la novela. Me cansó hasta decir basta el año pasado, y estos días atrás lo he conseguido continuar con un poco de esfuerzo. Aunque lo que venía antes y detrás de ello merecía la pena. Es una pedazo de historia. Me dejó sin palabras y me gusto muchísimo. Altamente recomendado.


Esta historia es desgarradora, se te mete dentro y te araña las entrañas. Cualquiera un un mínimo de sensibilidad no puede evitar arrugar la cara ante cada abuso y castigo que sufren los personajes de la novela de Colson. Después de capturar a un grupo de africanos en su país natal y venderlos en varias subastas, la familia de Cora, la protagonista, acaba en Georgia en una plantación de algodón. Allí y a lo largo de su huida, vivirá bajo el yugo de su amo, viviendo verdaderas atrocidades, golpes, violación, cautiverio, latigazos, palizas, etc. Pero no se rendirá. El ferrocarril subterráneo estará ahí para ayudarla, junto a otros personajes, negros y blancos abolicionistas. No he llegado a emocionarme, la prosa de Whitehead es sencilla, fácil de leer, dura en sus afirmaciones, pero la forma en que está escrita la novela particularmente no me ha encantado (como digo, es algo particular, la novela ha recibido un Pulitzer y ya ha recibido un segundo por otra novela de temática similar que seguramente también lea). Es una historia que te indigna en cada párrafo, repugnante como tantas PERSONAS en nuestro planeta han sufrido tanto y siguen sufriendo en algunas partes del mundo por el color de su piel. Barry Jenkins, director de Moonlight, ha hecho una adaptación de la novela para la pequeña pantalla de 11 capítulos en Amazon prime. Sé que voy a llorar mucho, pero tengo que verla. PD. Tengo a un nuevo personaje literario al que mataría: Ridgeway.


Uno que leyó muchos libros, vio series de Tv y películas sobre el tema de la esclavitud en Estados Unidos no termina de sorprenderse de lo "infinito" de lo que este tema, que ha juzgar de lo que vemos en los noticieros, no acabó todavía. Este libro nos lo cuenta de una manera excelente, la peregrinación y escape de los eslavos desde el sur hasta el norte del país dejando una huella de violencia y locura sangrienta en su camino. Emocionante y aleccionador. Recomendable.


Se conoció como el ferrocarril subterráneo a una red clandestina organizada durante el siglo XIX en EE. UU. y Canadá para ayudar a escapar hacia los estados libres del norte y Canadá a la máxima cantidad posible de esclavos afroamericanos. Su nombre se debió al hecho de que sus miembros se referían a sus actividades utilizando un lenguaje metafórico, en clave, relacionado con el mundo ferroviario. Los esclavos eran los pasajeros, los que los escondían (en la mayoría de las ocasiones, en sus propias casas) eran los jefes de estación y a los que los ayudaban a escapar de las plantaciones (proporcionándoles instrucciones, mapas y acompañándolos en muchos casos durante parte de sus viajes) se les conocía como maquinistas o conductores. Las rutas de escape recibían el nombre de carriles. La jefatura era la Estación Central. Y los estados del norte y Canadá, el destino. No hace falta decir que quienes ayudaban a los esclavos en cualquier paso del ferrocarril y eran pillados in fraganti eran asesinados o, como mínimo, muy maltratados por los ciudadanos de los estados esclavistas. Por tanto, la audacia y la valentía eran las características de todos sus miembros, que solo se conocían por pseudónimos para proteger su seguridad. Obviamente, todos pertenecían a los movimientos abolicionistas de sus estados respectivos. Así era como extendían sus actividades, siempre al margen de la ley. El ferrocarril subterráneo funcionó hasta 1865, cuando, finalizada la Guerra de Secesión (1861-1865), la esclavitud fue abolida de forma definitiva. Colson Whitehead, profesor de las universidades de Princeton y Columbia, nos presenta en esta novela una nueva visión sobre lo ocurrido en los EE. UU. mediado el siglo XIX. Y lo hace siendo riguroso con la realidad y completando su documentación con unas magníficas dotes de ficción. Incluso de realismo mágico en lo que se refiere al propio funcionamiento del ferrocarril subterráneo. Así, Whitehead estructura este particular ferrocarril en el que, en efecto, encontramos túneles verdaderos (de varios cientos de kilómetros de longitud de carriles y vías), máquinas ferroviarias de verdad y estaciones austeras pero decoradas. Todo para explicar, más metafóricamente si cabe que en la realidad, cómo eran trasladados los esclavos hacia estados norteños libres. Esas son principalmente la originalidad y la novedad de El ferrocarril subterráneo, la novela que consiguió el National Book Award en 2016 y el Pulitzer en este 2017. Algo (conquistar los dos Premios más importantes de la literatura norteamericana) que ha ocurrido en muy contadas ocasiones a lo largo de la historia. Su imaginación, casi ilimitada, nos ilumina y muestra de forma diferente uno de los períodos más oscuros de la historia. Su tinte épico, en ocasiones hasta onírico, pero a la vez nítidamente realista, nos habla de vidas truncadas, inalcanzables ilusiones de libertad, luchas inhumanas por la supervivencia, solidaridad hasta extremos impensables y también de una determinación férrea de cambiar el destino de los esclavos, individual y colectivamente. La protagonista, Cora, es hija y nieta de esclavos. Vive en una plantación algodonera del estado de Georgia, en el sur de los EE. UU.. Un lugar infernal marcado por la crueldad de sus amos, los Randall, y la marginación por parte de los otros esclavos de la plantación. Porque Cora está sola. Su abuela, Ajarry, ha muerto y su madre, Mabel, huyó cuando Cora tenía solo nueve años, abandonándola a su suerte. Solo conoce su plantación. Nunca ha salido de ella. Por eso, cuando Caesar, esclavo llegado desde Virginia que le habla de la existencia del ferrocarril subterráneo y le propone escapar, sus temores consiguen que se oponga a ello en primera instancia. Solo tras un suceso especialmente grave accede a acompañarlo en su peligroso viaje. Un viaje sin retorno. Porque solo hay dos caminos: libertad o muerte. A lo largo de su huida en busca de la libertad Cora pasará mil vicisitudes en varios de los estados norteños: Carolina del sur, Carolina del norte, Tennessee, Indiana, etc. En todos ellos encontrará buena gente (los miembros del ferrocarril subterráneo), capaz de ayudarla en todo momento en la medida de sus posibilidades, pero también personas malvadas que buscarán acabar con ella. Sin embargo, la gran amenaza para Cora será Ridgeway, cazador de esclavos dispuesto a echarle el lazo. Además, con el agravante de que Ridgeway ya pasó años buscando a su madre, sin conseguir dar con ella. Todo parece indicar que Mabel ha alcanzado la libertad. Y Cora, pese a acusarla de haberla dejado sola y desamparada en un mundo tan hostil, siempre la buscará en cada lugar. Como Ridgeway las busca a ambas. Resulta llamativo, y en ocasiones sobrecogedor, comprobar cómo estaba la cuestión de la esclavitud y el abolicionismo en cada estado. En cada uno de ellos su estadio era diferente. Así, nunca sabía uno lo que se podía encontrar en cada lugar. Lo que hace de la vida de Cora un continuo vaivén


Es el primer libro que leo del autor Colson Whitehead. Recomendado ampliamente por haber obtenido importantes premios. En lo que a mi respecta, me parece una novela llevadera, con una prosa fácil de leer y comprender. Ahora bien, mis expectativas eran mayores por las críticas que había leído en diversos sitios. Si bien me parece una novela recomendable, el desarrollo tiene partes muy interesante y partes en las que el descenlace no resulta nada sorpresivo, por esta razón, no creo que sea excelso. Vuelve a retomar una temática que, salvando las distancias, tiene vigencia en los EE.UU y en el mundo. Un libro que reúne las principales condiciones para cumplir el objetivo de entretener al lector.


La magnífica historia de Cora y su búsqueda de la libertad. La idea descabellada pero hermosa de una red ferroviaria que recorre el subsuelo del sur de los Estados Unidos liberando esclavos de la brutalidad de las platanciones de algodón. ¡Un relato fascinante!


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Frases del libro EL FERROCARRIL SUBTERRÁNEO

Solo los niños podrían beneficiarse plenamente de sus sueños. Si los blancos se lo permitían.

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Sita_Belen

Entonces, siempre, llegaba: el grito del capataz, la llamada al trabajo, la sombra del amo, el recordatorio de que la esclava solo es ser humano un minúsculo instante en la eternidad de su servidumbre.

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Sita_Belen

Una cosa tenía el sur: a la hora de matar negros, no se andaban con chiquitas.

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Sita_Belen

¿Qué clase de llamada era perseguir negros que apenas tenían la inteligencia de un perro?

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Sita_Belen

- El amo decía que lo único más peligroso que un negro con una pistola- les dijo- era un negro con un libro. ¡Pues menudo montón de pólvora la vuestra!

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Sita_Belen

Los blancos te consumían, pero a veces los de color también.

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Sita_Belen