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Sinopsis de EL CANDOR DEL PADRE BROWN

“Doce narraciones, cada una de las cuales propone un enigma a primera vista indescifrable. Inspirado en un amigo del autor, el personaje del padre Brown –el sacerdote que oculta un insólito conocimiento del mal y de la condición humana tras su aspecto anodino, su inseparable paraguas y sus eternos paquetes de papel de estraza– es el protagonista de estas singulares aventuras en las que el autor une en el ámbito de la narración policíaca su humor peculiar, sus dotes de psicólogo y la crítica social.

Año de publicación:2016

3 reseñas sobre el libro EL CANDOR DEL PADRE BROWN

El personaje del Padre Brown es una "proto-versión" de los detectives novelescos (y de tv): aparentemente insignificante y lento, con una capacidad de observación privilegiada, potenciada por su conocimiento de la naturaleza humana, que en este caso deviene de las confesiones que escucha por su oficio (lo que representa un detalle interesante dentro de la estructura psicológica de la novela negra). Además, desliza críticas sociales muy sutiles y desarrolla cierto humor tenue. Sin embrago, la resolución de los misterios a los que se enfrenta aparecen forzados al lector, al expresar evidentes incoherencias entre las observaciones y sus conclusiones. Es una lectura ligera, pero no satisfizo mis espectativas.


El personaje creado por Chesterton rompe bastantes de los tópicos del género negro o policíaco. El sacerdote católico, de aspecto humilde, descuidado e inofensivo, siempre acompañado de su paraguas y de diversos objetos envueltos en papel de estraza, conoce como nadie el alma humana. Y resuelve los casos más complicados no con enrevesadas piruetas deductivas sino sugiriendo que la explicación irracional es en realidad la más racional. A pesar de su lógica devoción, siempre desecha las explicaciones sobrenaturales o espirituales para centrarse en lo natural y ordinario para resolver los casos más inverosímiles.Chesterton escribió alrededor de cincuenta relatos protagonizados por el padre Brown. Todos ellos fueron recogidos en cinco libros que se fueron publicando entre 1911 y 1935: El candor del padre Brown --el que nos ocupa, publicado por vez primera en 1911--, La sagacidad del padre Brown (1914), La incredulidad del padre Brown (1927), El secreto del padre Brown (1929) y El escándalo del padre Brown (1935). La primera de esas recopilaciones incluye los doce primeros relatos escritos por el autor, que se inspiró en un amigo personal para dar imagen y forma de actuación a su ficticio padre Brown. Un personaje que, a diferencia de los referidos en las primeras líneas de esta reseña, hace gala de una gran bondad que le impide juzgar y condenar al delincuente, sino que trata de salvarlo a su manera. Es lo que le ocurre con su inseparable Hércules Flambeau. El amigo de Chesterton, el padre John O´Connor, párroco de Bradford (Yorkshire), influyó tanto en él que, además de inspirarle este peculiar personaje, hizo posible su conversión al catolicismo. Y ese es uno de los fuertes del personaje de ficción: pese a ser un párroco católico en tierras protestantes anglicanas, consigue que se imponga no su imagen --bajito, regordete, miope-- sino su sagacidad y su sentido del humor, natural y vital. Se muestra siempre muy humano y real, nada artificial. Sin duda, parece ingenuo y distraído, pero de repente atraviesa una especie de éxtasis intelectual que, junto a sus notables conocimientos de la ciencia de la psicología, lo lleva a aclarar las situaciones más intrincadas. Y, de paso, a ganarse el respeto de aquellos que al principio lo consideraban un simple intruso.Así explica este hecho Chesterton en el relato titulado El jardín secreto: hundió la cabeza entre las manos y se mantuvo en una rígida postura que denotaba la angustia de su pensamiento u oración, mientras que los otros tres sólo podían continuar observando este último prodigio durante aquellas doce extraordinarias horas. Cuando cayeron las manos del padre Brown, se vio un rostro bastante fresco y serio, como el de un niño. Y, en La forma anómala, Flambeau explica a otro personaje que el padre tiene a veces esta nube de misticismo encima, pero le advierto de que sólo se la he visto cuando rondaba cerca algo malvado. Flambeau confía tanto en el padre Brown que se va de vacaciones en un pequeño velero y en él solo lleva lo indispensable: latas de salmón, revólveres cargados, una botella de coñac y un sacerdote. La narrativa de Chesterton supone un retrato costumbrista de los lugares y las personas de su época --el primer tercio del siglo XX--, con especial hincapié en sus formas de vida y sus comportamientos en los más diversos ámbitos de la vida. Describe con naturalidad toda clase de ambientes y contrasta los mundos criminal y religioso en profundidad. Dos mundos que, a menudo, no están tan distanciados. Así, en el primer relato de esta recopilación, La cruz azul, el padre Brown le dice a su inseparable Flambeau cuando éste todavía era un delincuente: ¿nunca se le ha ocurrido pensar que un hombre que casi no hace otra cosa que oír los pecados de los demás no puede dejar de estar al corriente del mal de la humanidad? Toda una declaración de intenciones desde el primer momento de la trama.Flambeau y el padre Brown, tan distintos --en físico (Flambeau mide más de una ochenta), en forma de vestir (Flambeau es muy elegante) y en personalidad-- y tan semejantes --en cuanto a ingenio y a perspicacia-- a la vez, se convierten en uña y carne tras convencer el segundo al primero de que su saber hacer debería ser empleado con fines más puros y bondadosos. Quiero que abandone esta forma de vida. Aún le queda a usted juventud, dignidad y humor; no crea que le durarán con ese oficio. Los hombres pueden mantener cierto nivel de bondad, pero ningún hombre ha sido capaz de mantener un nivel de maldad. En efecto, el Flambeau delincuente muta en un nuevo Flambeau, que ayuda en todas sus investigaciones al padre Brown. Cambio solo posibilitado por el gran conocimiento del segundo sobre la psicología del mundo criminal.


Cada una de las piezas que constituyen este libro son una joya absoluta. Cada una de las historias propone un caso policial con tintes fantásticos, y cuando parece que no hay solución alguna, el tímido e insignificante Padre Brown, resuelve cada misterio con una explicación racional. Elegir una de ellas me resultaría imposible; y es que la virtud de Chesterton está en como nos relata una historia más que el argumento en sí. Nunca olvidaré el goce que experimenté al leer éste libro (el primero de ellos, y mi primer contacto con Chesterton, fue en una fría, brumosa y blanquísima mañana de invierno; como esos paisajes casi fantásticos que nos describe en sus cuentos), y espero que todo aquél que pueda conseguirlo pueda percibir la extraña magia que desprenden sus páginas.


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