Sinopsis de EL ANGEL NEGRO

«El principio de una historia es sólo la continuación de otro principio.» Así piensa, antes de iniciar el recuento de sus bromas, la protagonista de «Aserrín, aserrán», uno de los seis inquietantes relatos que componen este libro. Cuando se haya cumplido su propia traición verá descender ante el espejo la imagen de su ángel de la guarda «con un pelaje oscuro y raso como el de una rata». La aparición súbita y antigua del mal, ese «ángel negro» que turba el inocente juego de recoger frases anónimas en los cafés o que encañona a los jóvenes que en la noche conversan confiados y alegres, proporciona a este conjunto de historias una sólida y espléndida unidad. A esa cohesión contribuye tanto la enigmática figura de Tadeus, que dos cuentos comparten, como los símbolos del agua: las truchas que evocan la vida del viejo poeta, tal vez la sombra de Montale, o el Capitán Nemo cuando visita la imaginación de un niño en el último relato. Un mismo gusto desasosegado pero exquisito, áspero pero elegante, recorre con sutileza cada una de estas pequeñas piezas maestras.

1 reseñas sobre el libro EL ANGEL NEGRO

"El ángel negro" (1991) de Antonio Tabucchi, es un libro de cuentos donde la delgada línea entre la realidad y la ilusión se hace evidente. Surrealista e imprevisible. . “¡Qué le vamos a hacer!”, dijo amablemente el señor vestido de azul, “ahora sería demasiado largo de explicar, y demasiado complicado, pero piense usted una cosa: que estamos en un fractal. Usted también forma parte del fractal, un movimiento por su parte modifica el fractal, querido señor Mariposa, por ello debe agitar las alas como es debido.” El señor vestido de azul hizo un gesto de cansancio, dobló cuidadosamente el pañuelo y se lo puso en el bolsillo. “Creo que ya no tenemos nada más que decirnos”, susurró.” . “El señor vestido de azul se había levantado. Permaneció con las manos apoyadas en la mesa. “Usted no debe buscarme por ninguna razón señor Mariposa”, dijo, “pero si quiere saber con quién ha estado hablando, puede inventarme un nombre circunstancial para usted. Considéreme el doctor Conciencia. Me ha tocado conervtirme en su conciencia, señor Mariposa, tal vez en la parte mas oscura de su conciencia, esa que usted no querría siquiera conocer y que tiene cuidadosamente cubierta con una trampilla. Hoy esa trampilla ha sido abierta, y no puedo ocultarle mi satisfacción. Y tampoco mi cansancio. No es fácil vagar por conciencias como la suya. Así es mi trabajo, una forma de mayéutica y la mayéutica es fatigosa, no sé si me entiende. Quién sabe si cuando me jubile no podré dedicarme a una actividad al aire libre, tal vez cerca del mar, en un lugar semejante a donde vive usted. Y ahora, adiós, mi trabajo ha terminado, creo que no tendremos ocasión de volver a vernos.”


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