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Sinopsis

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Año de publicación:2005

1 reseña sobre el libro CONAN EL CIMMERIO 2

LA CANCIÓN SIGUE SIENDO LA MISMA ¿Howard se repite?, es posible; es más, diría que es una certeza. Ahora bien, eso a mi no me molesta en absoluto. Además, ¿qué escritor - salvo el múltiple Flaubert - no se repite?. De alguna manera leer una obra de Borges, es leer toda su obra; leer un poema de Girondo, es, salvo variaciones lógicas, como leer todos sus poemas; Chesterton se repite, a Dios gracias; lo mismo ocurre con Hesse, con Shakespeare, con Byron, con Arlt, con Gautier, con Lovecraft, con Bradbury, por poner algunos ejemplos, de los infinitos que habrá y que jamás conoceré, pero que puedo intuir. Picasso se repite en el Cubismo, en "La época rosa y azul"; Monet con sus paisajes "borrosos"; William Turner con sus cielos fantásticos; Brueghel y Bosch, con su genial locura, precursora de Dalí, que también se repite. Lo mismo con Blake, o con Miró, o con Gris. Los grabados de Durero - increíblemente hermosos y terribles del Apocalipsis - son similares en su grandiosidad, y los mismo se puede decir con Doré o con Fusseli. Es decir, que la repetición no es algo que necesariamente sea negativo, por el contrario, es una cualidad, o podría también verse de ese modo, ya que comporta un sello, una identidad. Esta reseña o mero comentario (como diría algún recién llegado no sin cierta desagradable impunidad) no tiene como finalidad el análisis exhaustivo, ni intenta darse aires importantes. Mi intención elemental es guiar a quién no conoce al escritor, hacerle conocer el estilo simple, directo, llano, pero a un tiempo cargado y excesivo del texano. Al libro entonces, o mejor dicho, a la trama de los relatos que conforman este tomo: Sombras de hierro a la luz de la luna: Transcurre esta historia en una isla donde en las impresionantes ruinas de lo que fuera un gran templo, escondido entre el follaje de una espesa selva, Conan descubre junto a su ocasional compañera Olivia, unas enormes estatuas de hierro, representantes de una raza antigua, de terrible y dura expresión, como expectante, en sus rostros metálicos y fríos. Todo lo contiene este relato: hechizos, batallas, magia, terror. Xuthal del crepúsculo: El segundo relato del libro comienza con una imponente imagen del cimmerio, terrible bajo los poderosos e implacables rayos del abrasador sol del desierto. Conan y su compañera, luego de haber huido del ataque de estigios y kushitas, y perderse en las arenas infinitas del desierto, descubren, justo en el momento en que se creían sin salvación, una ciudad en medio de aquella vasta extensión. Una ciudad de locura, donde los "muertos resucitan" y los habitantes de aquel extraño palacio deambulan por sus habitaciones y pasillos como presos del sueño del opio. Pero un ser infernal y primitivo se agazapa en los rincones de este palacio, esperando saciar su hambre eterna. El estanque del negro: Conan trepa a bordo de un barco, al que llega nadando desde islas lejanas; el capitán del navío, llamado Zaporavo, acompañado por Sancha, una bella mujer, favorita del capitán, observa al bárbaro con desconfianza, pero lo acepta en su tripulación. Llegan al fin a tierra, desde donde una aroma a especias y plantas llega con el viento. El capitán baja con una parte de su tripulación y se interna solo en la densa selva en busca de algún tesoro. Conan lo sigue con intenciones de asesinarle. Algo descubre, sin embargo, dentro de esa selva. Una extraña construcción, con patios y un estanque circular en una de ellas. Apoyadas en unos estantes, unas figuras talladas con increíble perfección, y del tamaño de una mano, descansaban en los anaqueles. Al descubrir estas estatuas pequeñas, Conan experimenta una sensación de repugnancia. Unos enormes seres, negros de vago aspecto humano, pero mucho más altos y de miembros más poderosos y de rostro maligno, llegan con Sancha y los otros marineros que descansaban en la playa, adormecidos por el efecto de una fruta dorada que habían encontrado en la playa. Luego Conan vio como uno de los marineros era sumergido en aquel estanque de aguas verdosas, y su tamaño se reducía y modificaba la constitución de su cuerpo de carne por otro de una especie de arcilla. Esta idea macabra me parece a mi un ingrediente sobresaliente y una idea que se aparta de los tópicos manejados - siempre impecablemente - por Howard. Villanos en la casa: Una casa repleta de trampas, ingeniosamente crueles, un sacerdote, Conan, un joven aristócrata, y un ser enorme y monstruoso son los protagonistas de esta historia, más de horror que de aventuras. El resultado es bueno sin llegar a ser brillante. (La reseña sigue debajo)...


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