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Sinopsis de AUTORRETRATO SIN MÍ

"El nuevo libro de Fernando Aramburu, tras Patria, no es una novela y tampoco un ensayo: es tal vez el texto más personal y el más comprometido del autor, tal vez el más arriesgado. De lo que no cabe ninguna duda es de que es el más bello. En Autorretrato sin mí el lector sospecha que Aramburu habla de sí mismo, pero enseguida sentirá que habla de todos nosotros. Sin brizna alguna de exhibicionismo, tan omnipresente en muchas obras, estas prosas conforman el relato de la vida de un hombre en el que todos podemos reconocer al autor y reconocernos. Sus páginas plasman en escenas inolvidables las relaciones familiares, el padre, la madre, el amor, los hijos, los gozos y las angustias con que está hecha la biografía de todos nosotros ..."

11 reseñas sobre el libro AUTORRETRATO SIN MÍ

Me encantó el estilo. Muy lírico


Todavía bajo los efectos de Patria (2016) --dos años consecutivos presente en los puestos cabeceros de todas las listas de ventas de libros de este país, Premio Nacional de Narrativa, Premio de la Crítica, Premio Dulce Chacón y Premio Francisco Umbral, entre otros varios--, Tusquets Editores lanza la nueva obra de Fernando Aramburu. Un trabajo que no es novela ni tampoco ensayo, sino una recopilación de hechos, recuerdos y pensamientos del escritor vasco afincado en Hannover. Un libro personal y arriesgado, especialmente tras el éxito de una de las mejores novelas españolas de los últimos años. Porque, quien espere algo similar a la exitosa Patria, puede sentirse decepcionado. Autorretrato sin mí nada tiene que ver con ella. Pero es una obra bella, bellísima, donde las haya.Aramburu, amante de la poesía desde su juventud --algo que queda patente a lo largo de este nuevo trabajo--, nos presenta una serie de prosas, la mayoría de ellas poéticas o rozando la poesía, en las que nos habla de sí mismo, pero también de nosotros, pues en no pocas nos vemos reflejados. El mundo que describe es el nuestro. Nuestro país, nuestra sociedad, nuestra naturaleza. Nuestra vida. Siempre con las palabras justas, yendo directo al grano y dejándonos a menudo sentencias que nos muestran aspectos en los que probablemente jamás habíamos caído hasta ahora. Iluminándonos. Haciéndonos reflexionar sobre todo ello.A lo largo de sus ciento ochenta páginas Autorretrato sin mí plasma en diferentes escenas las relaciones familiares del escritor. De su padre nos cuenta que lo añora --no estas ahí, donde solías, en la silla de siempre, y casi se me escapa preguntarte cómo estás, inducido por una obstinada resistencia a aceptar tu muerte... ¿No habrá, padre, un techo que proteja de tu muerte?--, que no lo juzga y que le perdona sus problemas con el alcohol porque trabajaba largas horas en la fábrica y era bondadoso, incapaz de violencia. Por eso lo quise; por eso él es en mi recuerdo, ahora que desdichadamente no puedo decírselo, el héroe modélico que no era.Sobre su madre escribe que en su abrazo encuentra el calor más antiguo de mi vida y que te debo una decidida propensión a la perseverancia, la voluntad acaso maniática de terminar cualquier trabajo emprendido, y lo que más he admirado siempre en ti: esa capacidad de cuarzo que tienes para mantener a raya la tristeza. De su esposa afirma que ningún muro lingüístico truncó el designio común de compartir, más allá de la atracción física, el agua y los panes del ser entero. Desde entonces miro por sus ojos, ella mira por los míos, y no hay dolor que le duela sin que a mí me duela ni hay risa en sus labios que no me doble de alegría. El autor añora a su hija Cecilia, que ya no toca el piano de la sala de la casa familiar porque dio la niña en mujer como da el sábado en domingo... y se fue a conocer de cerca su destino. Un destino que, transformado en un médico inepto, estuvo a punto de arrebatarle a su otra hija, Isabel, a causa de unas meninges dañadas que dejaron menguadas sus capacidades intelectuales. Problema este que, acrecentado por la incomprensión de la sociedad, permitió sin embargo a Aramburu humanizarse y humanizar a la pequeña. Te lo debo a ti, Isabel, a cuyo lado, sin que te dieras cuenta, aprendí la compasión. El amor juega un papel importante en la vida de las personas. También en la de Aramburu. Ama a su San Sebastián natal, recordando la escena de su partida en tren. Ama a los amigos y sus abrazos. Ama el mar, la vida, la intimidad y la soledad. Porque, sin soledad (confortable), esfuerzo y tenacidad, no habría alcanzado jamás la libertad adquirida a través de su aprendizaje literario. Porque, evidentemente, ama a los libros. Una pasión firme y duradera que le viene de una juventud ya perdida en la que nació un fervor incurable por la poesía y la lengua gracias a la disciplina impuesta por los frailes de su colegio --quienes confundían la educación con el adiestramiento--, en medio de cuyas explicaciones comenzó a leer a hurtadillas textos breves, poemillas y fábulas que aparecen en los manuales. Así comenzó a amar a García Lorca, a Bécquer, a Góngora, a Aleixandre. Y, de ahí, a la narrativa. A Camus, por ejemplo --quien murió justamente el día en que Aramburu cumplió su primer año de vida--, de quien aprendió a amar al hombre por encima de la idea. Fruto de todo ello, de la rebeldía y la irreverencia cultural, nació, años más tarde (1978), el Grupo Cloc, donde la risa --antídoto del dogmatismo-- era lo principal, además de la palabra que da envoltura y ocasión a la belleza. Es decir, que parece claro que el objetivo era buscarles el lado poético a las cosas. Porque, sin duda, una de las necesidades más humanas es no abandonar nunca a nuestra imaginación, a nuestro niño interior. Confiesa el autor que se reserva siempre unas horas de serenidad para disfrutar de la lectura, del olor literario del papel. Una manzana, un libro y la sensación de no ser un ser definitivo.


Me aburrió , muy personal y poco interesante.


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FRASES DEL LIBRO AUTORRETRATO SIN MÍ

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