LITERATURA CONTEMPORÁNEA

ANTOLOGIA DEL CUENTO NORTEAMERICANO

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Sinopsis

Esta antología exclusiva, preparada especialmente por Richard Ford, contiene sesenta y cinco relatos escritos entre los años 1820 y 1999 por escritores nominalmente americanos y pretende mostrar no solo lo mejor de la cuentística estadounidense, sino también la diversidad y la riqueza de la prosa norteamericana.

Año de publicación:2002

2 reseñas sobre el libro ANTOLOGIA DEL CUENTO NORTEAMERICANO

Por lo general, cuando se recopila cualquier cosa, de múltiples padres o madres suelen pecar de lo mismo: cinco o seis ganchos de excelente calidad y el resto paja. No es el caso, richard Ford selecciona 65 relatos de sendos autores norteamericanos, donde la paja es la excepción y calidad la bendita monotonía. Melville, Hemingway, faulkner, carver, steinbeck, irving, Twain, poe... suma y sigue. Es cierto que Ford renuncia a muchos de los más sonados, apostando por textos no tan conocidos pero brillantes, amen de acertados pues reflejan el estilo general del autor ( salvo alguna sorpresa) Si eres un devorador de cuentos, puedes leerte del tiron la antología completa, pues los temas son variados pero yo recomiendo saborear, investigar y descansar. Los atracones solo son buenos si es posteguillo el cocinero. Ford en su prologo nos hace un micro ensayo muy interesante del cuento americano, por supuesto, barriendo para casa, mi opinión es que en general, son buenos cuentistas pero se saltaron la asignatura de finales. Extensa demostración de poderío, de literatura y de yanquilandia en todos sus olores y colores. Mi favorito? Todos!!


En lengua inglesa, el cuento siempre es calificado por la brevedad: Short Story, distinguiéndolo de formas más largas como la novella, intermedia entre la novela y el cuento. Los hispanoparlantes conocemos (y celebramos) el cuento más corto de todos, El dinosaurio de Tito Monterroso: «Cuando desperté, el dinosaurio seguía allí». La literatura de lengua inglesa tiene un equivalente, poético e inquietante, en Samuel Taylor Coleridge: «Si al despertar tengo en la mano la rosa con la cual soñé, entonces, ¿qué?». Con gran sabiduría, Richard Ford, en esta extraordinaria antología del cuento norteamericano, nos pide leer los cuentos antes de comentarlos y, mucho menos, de definirlos. Y tiene razón. La variedad que Ford nos ofrece es, por definición, indefinible. No traiciono a un escritor y amigo tan admirado como Ford, sin embargo, cuando esbozo una brevísima historia del cuento norteamericano. Originado por Hawthorne, es Poe quien famosamente define al género como un diseño preestablecido dirigido, sin vueltas y circuitos, a obtener el efecto deseado. Es esta definición la que un maestro del cuento clásico como W. Somerset Maugham hace suya al concebir el cuento corto como una línea recta dotada de unidad de efecto y de impresión. Si yo pudiese imaginar tres territorios de fundación del cuento norteamericano del siglo XX, escogería los de Sherwood Anderson, Ernest Hemingway y William Faulkner. Anderson convierte al cuento en capítulo de una novela de narraciones independientes pero que en su conjunto crean una unidad: la del pueblo que da título al libro, Winesburg Ohio. Acaso Anderson sea el más directo heredero norteamericano de Chejov: pinceladas sutiles y gritos mudos. Y una voluntad de estilo: eliminar el argumento, no rendirse ante la vivacidad de la civilización de los Estados Unidos. Ernest Hemingway admitió su deuda con Anderson pero imprimió al cuento norteamericano dos de sus características permanentes: la concisión y la objetividad. «Los asesinos», «Mi viejo», «Fifty Grand», «Un lugar limpio y bien iluminado» son obras maestras del género, clásicos de la narrativa breve que, naturalmente, provocaron imitaciones sin fin y una reacción ilustre en contra: William Faulkner, cuyo barroquismo sureño y prosa gongorina son la distensión y extensión opuestas a la brevedad y concisión de Hemingway. Una manera, muy faulkneriana, de decir: siempre hay otra manera de decir las cosas. La selección de Ford rehúsa ver al cuento como historia personal, historia social o contexto político. Apuesta con fervor por la autonomía y universalidad de la forma, pero le atribuye poderes extraordinarios. Diversidad. Brevedad. Novedad. Desde luego. Pero también las virtudes de lo impredecible, la incertidumbre, la certeza de que el orden de la vida es provisional pero el cuento tiene el poder de contener a la vida misma y, lo que es más, ordenarla. Para Ford, el cuento nos abre a la vida pero también la protege. Reinventa. Revalora. Admite lo que la convención rechaza. Es un vuelco del corazón. Es una epifanía instantánea Y le da a la vida de cada lector lo que a cada lector le falta en la vida. Límites del pensamiento. Educación de los sentidos. CARLOS FUENTES - PROLOGO AL LIBRO