Sinopsis de 14 DE JULIO

La Historia suele contar la toma de la Bastilla desde el punto de vista de grandes personajes que, en realidad, nunca estuvieron allí: en esta obra, se cuenta la historia de quienes sí se hallaban allí ese preciso día, el célebre 14 de julio de 1789. Sus protagonistas eran gentes anónimas, impulsadas por el hambre, el malestar, la carestía de lo indispensable. Pero antes de seguir los pasos de estos desconocidos revolucionarios, Vuillard retrocede unos meses para relatar la rebelión de los trabajadores de las manufacturas Réveillon, que vieron recortados sus salarios, y cuya cruenta represión causó más muertos que los del 14 de julio. También se detiene en narrar cómo se vivía en esos momentos en la gran corte de Versalles, así como el trasfondo económico y social que provocó el levantamiento. Pero sobre todo sigue, hora a hora, de manera vibrante y apasionada, cómo individuos sin derechos convulsionaron un régimen arcaico para dar un nuevo sentido a la historia. Y relatar la historia, advierte el autor, «es una manera de mirar el presente».

6 reseñas sobre el libro 14 DE JULIO

En "14 de julio" (2016. Título original: 14 Juillet) Éric Vuillard cuenta los sucesos de la toma de la Bastilla desde la noche del 13 de julio y lo acontecido el 14 de julio con identificación precisa de los protagonistas. Siempre se cuentan los hechos como si los protagonistas fueran un uniforme grupo anónimo apabullado por el hambre y las restricciones. Sin embargo en este caso, Vuillard realiza un estupendo trabajo de investigación y precisa con nombre y apellido a los protagonistas de ese histórico día e inclusive hace un estudio previo y marca como hecho relevante y génesis la rebelión de los trabajadores de la fábrica de papeles pintados Réveillon que en realidad arrojó más muertos que el propio 14 de julio. Dicho esto, uno no puede evitar, por estilo, hacer una comparación con la obra de don Arturo Pérez Reverte. "Un día de cólera" pero 14 de julio tiene una calidad literaria infinitamente menor. Sin embargo tiene agravado el problema que, en menor medida tiene el libro de Reverte, no hay "un hilo argumental", hay cientos de personajes que aparecen muchos de ellos como máximo por un párrafo, y eso hace imposible la lectura. El relato caótico logra transportar al lector al medio del escenario, se siente el olor a pobreza, a pólvora, a rebelión y constantemente los murmullos de una turba iracunda, que Vuillard se preocupa en justificar que era un enojo fundado. A diferencia de su obra más lograda "El orden del día", no hay tanta reflexión de carácter política, no hay referencia de lo que pasaba del otro lado de la rebelión, ¿Qué pasaba por la cabeza del Rey y su entorno? Podría haber sido interesante tratar con otra profundidad cuales eran las causas de desconexión entre los gobernantes y su pueblo, como el significado que tuvo ese día para la historia de occidente. No me gustó mucho, no lo padecí pero no lo disfruté. Lo bueno es que no es un libro extenso, se lee rápido. Pero paradójicamente falta "la historia" en la narración dentro de las cientos de historias que se cuentan.


14 de julio es una narración coral, una novela corta (ciento ochenta y cinco páginas) pero intensa, casi adictiva, que atrapa al lector de principio a fin. Un lector al que le parece estar asistiendo en directo a la toma de la Bastilla en compañía de todos y cada uno de los personajes que van apareciendo en diferentes lugares y momentos de la acción rebelde contra los desmanes de la monarquía borbónica francesa. Personajes de los que apenas sabemos su nombre y apellidos --estos últimos, no siempre--, apodo --si lo tienen--, lugar de procedencia --si consta en la documentación--, profesión y lugares de habitación y establecimiento --estos, no siempre claros--, si está soltero o casado --en muchos casos, ni se sabe-- o si tienen hijos --en la mayoría de ellos ya es pedir demasiado--. Y, en este sentido, cabe alabar la enorme documentación que debe haber manejado Vuillard para darnos los escasos datos disponibles de cada uno de estos personajes. Un trabajo casi de chinos pero que se agradece, pues todos tuvieron presencia.Y, hablando de presencia, esa es precisamente la percepción del lector al leer la obra: las detalladas descripciones de los distintos ambientes, los ropajes, las acciones de los personajes y las múltiples situaciones, junto a la narración de Vuillard, absolutamente cinematográfica --se nota con claridad su origen cineasta--, hacen creer al lector que está in situ en las calles de París. Un París que se convierte en un personaje más, con sus palacios, establecimientos, locales, callejuelas, plazas, avenidas, barriadas y muchos de sus lugares históricos más emblemáticos. Todo ello solo posible, de nuevo, a ese proceso de documentación al que me he referido con anterioridad. Parece increíble que el autor se tomara tantísimas molestias y trabajara tanto para acabar escribiendo una novela tan corta. Sin duda, podría haber escrito muchísimas páginas más. Y no lo hizo, pese a estar de moda presentar grandes tochos, lo cual también es de agradecer, puesto que en muchos casos no se precisan tantas páginas para narrar una buena historia. Al margen del hecho de apartarse de los grandes nombres de la historia y acercarse a los anónimos y verdaderos protagonistas de la misma --la denominada microhistoria frente a la tradicional y muchas veces injusta megahistoria--, aspecto digno de ser resaltado, quiero destacar también que la obra haga referencia a los antecedentes de los hechos narrados. Porque nada ocurre porque sí. Todo sucede por algo. Y que Vuillard introduzca la historia con varios capítulos referentes a la situación de bancarrota que vivía la nación, la vida casi denigrante que debía afrontar la mayor parte de la población y la forma en que la monarquía y la burguesía vivían muy por encima de las posibilidades de todo un país, con constantes subidas de impuestos a cambio de cada vez peores servicios hacia sus pobladores, es de justicia y necesidad. Hacer referencia a esos precedentes hace que también el lector se indigne y tenga ganas de tomar las armas y asaltar la Bastilla, convirtiéndose en un protagonista anónimo más de los hechos. La novela es una constatación de que en muy contadas ocasiones hubo una revolución no violenta, y de que la población tiene la obligación de rebelarse ante un gobierno injusto, más todavía si se vive en un gran desgobierno. Aspectos estos que deberían hacernos reflexionar sobre lo que ocurre en nuestro mundo a día de hoy. Obviamente, esto no debe entenderse en el sentido de la violencia por la mera violencia, de la violencia sin un sentido ni una finalidad muy precisa, lo cual deslegitimaría tanto la revolución como la violencia, lo que la convertiría en terrorismo. Poner fin al Antiguo Régimen era, en 1789, algo únicamente posible por la fuerza, pues los gobiernos --los reyes, vaya-- y sus secuaces --los burgueses-- no iban a cambiar si no eran obligados por las armas. Y, entre la muchedumbre del París de ese momento, encontramos héroes y cobardes muy bien retratados.Luis XVI, que acabó guillotinado tan solo tres años y medio después de la toma de la Bastilla, no quiso o no fue capaz de llevar a cabo las reformas que necesitaba la nación para poner fin a la sangría económica llevada a cabo por los sucesivos ministerios de Turgot, Calonne y Necker. Las finanzas francesas se iban a pique, estaban al borde de la bancarrota, pero la familia real seguía viviendo como nunca antes: una gran hambruna azotaba Francia. La gente se moría. Las cosechas habían sido malas. Muchas familias mendigaban para vivir. Habían estallado motines contra el hambre. La gente se preguntaba si podría llegar a fin de mes, reclamaba el pan a diez sueldos mientras gritaba ¡mueran los ricos!. La subida de impuestos, de nuevo, y la represión de los soldados contra los agitadores, abriendo fuego indiscriminado contra ellos, provoca una escalada de los disturbios. Superado el límite humano de la paciencia y del hambre, ya no hay vuelta atrás. La Bastilla está rodeada por la humanidad.


El autor se arroga ser testigo presencial de los acontecimientos del 14 de julio de 1789 con la toma de la Bastilla. Comienza relatando la situación previa de altercados por la presión y abuso del rey con el pueblo que llegan a morir de hambre cuando la nobleza vive en la opulencia y despilfarro pagando cada día salarios más bajos. Esa dinámica conlleva a la sublevación de forma espontánea. La multitud del pueblo es lo que trata de reflejar el autor, todos aquellos que de forma anónima pusieron su grano de arena, perdiendo la vida incluso, sin resaltar a alguien por encima de otro. Por eso aparecen tantos nombres, por qué es una victoria de todos. Es una novela sin protagonistas, y el autor se adentra en la refriega, como si estuviera allí en ese momento, participando y relatando lo que acontece en sus propios ojos, mezclándose con los comerciantes, artesanos, carpinteros, zapateros, con el pueblo llano que se levantó en armas contra el régimen establecido.


Esta novela corta narra el episodio concreto de la toma de la Bastilla pero tomando como personaje principal a todos aquellos pequeños personajes que no entraron en la historia o si lo hicieron solo fue con el nombre, y como mucho su profesión, y que solo fueron una anotación en algún informe, documento o partida de defunción, pero que todos juntos fueron quienes tomaron la Bastilla y dieron inicio a la Revolución Francesa. El autor utiliza su particular estilo, utilizando como narrador alguien que ha visto toda la historia (incluso hace comparaciones con la historia reciente), pero en ningún caso la conoce a la perfección e incluso en algunos momentos hace una narración que más que hechos son suposiciones.


Esta obra, de poca extensión, cuenta a modo de crónica novelada los acontecimientos previos a la toma de la Bastilla por los revolucionarios franceses el 14 de julio. Un narrador omnisciente, se adentra en la microhistoria del París de la época, alejado de los grandes protagonistas de sobra conocidos gracias a la historiografía oficial, y nos presenta la vida cotidiana de la gente anónima, marcada por el hambre, el abuso y la toma de conciencia de su propio poder como sujeto político capaz de transformar el curso de la Historia. Muestra como las revoluciones no son simples estallidos de violencia guiados por unos cuantos profetas clarividentes, sino por el contrario, la consecuencia de un estado de ánimo que va fermentando en los centros de trabajo, cafeterías, academias y periferias urbanas. El estilo narrativo del autor, brilla sobre el resto de elementos, ya que evita juzgar moralmente los hechos desde la comodidad del presente, adoptando una perspectiva periodística que hace más vibrante su lectura.


Vuillard nos presenta el origen de la toma de la Bastilla y las personas que, seguramente, sin aparecer en los libros de historia,o hicieron posible.


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ERIC VUILLARD

Calificación General: 8,0Por leer

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