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THOMAS PYNCHON

Nacimiento:May 8, 1937Nueva York,Estados Unidos

Escritor americano, Thomas Pynchon, de nombre completo Thomas Ruggles Pynchon Jr., estudió durante dos años, Ingeniería Física en la Universidad de Cornell, abandonando los estudios para alistarse en la Marina, en donde estuvo dos años.A continuación, Pynchon volvió a la Universidad de Cornell, y se licenció en Filología Inglesa, asistiendo a clases impartidas por Nabokov, y comenzando a trabajar en su primera historia corta, que publicó en 1959. A continuación trabajó como redactor técnico en la Boeing Aircraft, en Seattle, y tras abandonar este trabajo, residió en Nueva York y México, hasta fijar residencia en California. Pynchon es conocido por su rechazo a los medios de comunicación, por lo que no se conoce mucho de él. Ha obtenido algunos premios, destacando el Nacional Book Award en 1974. Su nombre suena habitualemente relacionado con el Premio Nobel de Literatura.Es autor de relatos cortos y novelas, estas últimas escasas y voluminosas. Su obra es densa y compleja, con frecuentes referencias científicas, y se le engloba en el postmodernismo maximalista.De entre su obra habría que destacar obras como V., La subasta del lote 49, el arco iris de gravedad, Contraluz, Vicio propio -que ha sido llevada al cine- o Al límite. Ha participado en esta ficha: samucga Lamento no recordar dónde oí o leí la lapidaria sentencia ―juro que no es mía― según la cual quien no tiene nada que decir y, pese a todo, se considera en la obligación de decir algo, acaba por decir tonterías.En este espacio se suele aconsejar qué leer. Hoy, al contrario, intentaremos disuadir al lector de probar ―ni siquiera oler― ciertos brebajes que pasan por literatura. Quiero decir que son libros que podemos comprar, con los que las editoriales ganan dinero precisamente por eso, porque hay gente que los compra. Si después se leen, ya es harina de otro costal. Se me hace muy cuesta arriba que obras como la que hoy nos ocupa cuente con lectores, más allá de los obligados profesionalmente; y aun así...Yo arrastro desde la adolescencia la torturante manía de leer los libros que compro del vilo hasta el pabilo: la mía fue una juventud de estrecheces extremas, y dejar un libro a medias me produce la misma desazón que tirar un bocadillo de embutido causaría a un muerto de hambre.Solo así resulta comprensible que me haya tragado las 1.100 páginas de dos ladrillos de la peor literatura-basura; porque lisa y llana heroicidad es leerse El arco iris de gravedad, del inefable Thomas Pynchon.No negaré que este hombre tiene su técnica, y que se ajusta a ella con fidelidad casi militar; es muy sencilla: una ocurrencia pegada a la otra, hasta la saciedad, hasta el vómito. Es este un recurso muy manido en la poesía contemporánea; en prosa, resulta más insufrible. Seré brutalmente sincero: tras las cinco primeras páginas ya sientes un irrefrenable deseo de obsequiarle con dos bofetadas. Para que esto no parezca un tosco juicio de valor, daré argumentos.Hay un antecedente —mucho más honrado— de este tipo de escritura. Tal vez alguien haya oído hablar de la literatura fractal. Su creador fue, a principios del siglo pasado, Stephen Keeler, que tiene dos modestas joyas que aconsejo a quien solo pretenda para pasar el rato: Las gafas del señor Cagliostro y Hallad el reloj. El sistema de Keeler consiste en empezar cada novela con tres o cuatro ocurrencias descabelladas e inconexas y, a partir de ahí, esforzarse por hacerlas casar, creando una trama lógica y coherente. Un auténtico tour de force del que suele salir razonablemente airoso.El sistema de Pynchon es más barroco: centenares de ocurrencias que vuelve y revuelve en la olla sin conseguir armazón argumental alguno. Esta sencilla y cómoda técnica da para mucho, para tanto como se quiera; por eso las obras de este sujeto no bajan de las mil páginas. Habrá quien dirá que esto es una estafa al lector. Lo es. Y lo es más si cabe porque la sarta de ocurrencias son de una frivolidad sonrojante.En palabras de un crítico, quien, si no la totalidad, debió engullir buena parte del libro; de otra manera, no se explica su exasperación: "Palabrería desmadejada y alucinada, acoplamientos inverosímiles de sustantivos y adjetivos; marasmo de conceptos sin sentido, ni siquiera apelando a lo onírico, a lo lisérgico, ni a ambas cosas a la vez".Al vuelo de este último juicio, una benevolente interpretación es la de que el hombre escribe bajo el efecto de las drogas. Bien, creo que no es tarea laboriosa identificar los pasajes que, por su extremo delirio, solo pueden ser hijos de un padre intoxicado.Para introducir este matute, buen conocedor del percal, añade dos ingredientes de resultado probado en el mercado esnob: frecuentes escenas "fuertes" de erotismo y violencia, y guiños de persona con una cierta cultura. A poco que rasques un poco, esta cultura resulta una vulgar mistificación, propia del que habla de oídas. Con solo mencionar que sitúa a los brigadistas internacionales en el maquis español, nos ahorramos más amonestaciones.Ya se sabe que el esnob no es persona sacrificada, por lo que dudo que esta tribu tuviera la bizarría de pasar de la página cincuenta de ninguno de sus tostones. Precisamente por ello, por no pasar de las primeras hojas, se les ocurrió apadrinar El arco iris de gravedad para el Pulitzer. Al rechazarlo, el jurado se permitió una serie de aseveraciones, la más piadosa de las cuales fue la de ilegible. Ya sería mucho pedir que supiera forjar personajes creíbles, con una mínima introspección. Eso no está al alcance de Thomas Pynchon, aun tomándose el tiempo que dan de sí miles de planas.Pero si no puedes ser querido, sé temido —casi dijo Maquiavelo —; y si no sabes escribir, el camino más seguro para el éxito es convertirte en un "maldito". Nada mejor para ello que vivir encerrado en un apartamento de Manhattan, no conceder entrevistas y crear en torno de sí un halo de misterio y excentricidad. Dirán de ti que eres un segundo Salinger, un Rimbaud; y legiones de iletrados cool referirán maravillas aunque ninguno de ellos tengan las agallas de zamparse al completo ninguna de tus obras, que eso, como decíamos al principio, es harina de otro costal.Sí, el malditismo es el refugio más seguro de los estafadores del arte, como Pasolini, Artaud, Cocteau, Gómez de la Serna, Robert Musil, Gide, De Sade, Juan Benet, Arrabal, y tantos otros y otras que nada tenían que decir, pero tuvimos la mala suerte de toparnos con su irreprimible verborrea*.El crítico literario de Time, John Lacayo, comparó el grosor de una de sus obras (1.085 páginas) con las medidas de su tostadora. Introdujo una sutil diferencia: "al menos, mi tostadora es útil para hacer tostadas". Pues eso.___________________(*) Se da el caso curiosísimo de Joris-Karl Huysmans, escindido entre una obra genial (Là-bas, 1891) y una frivolidad desmadejada (À rebours, 1884). Thomas Pynchon es un genio, sin lugar a dudas. Genio como Cortazar. Genio como Borges. Genio como Faulkner. Genio como Dostoievksy. Genio. No puedo acudir a otra palabra. Su obra simplemente desborda talento, desborda lucidez, ingenio, suspicacia, imaginación, fuerza, chispa. Desborda todo lo bueno que puede tener una novela.¿De qué va el libro? Sin dudas la trama es un chiste, eso deben saberlo. Es una excusa para desplegar innumerables historias, todas enmarcadas en un contexto de misterio detectivesco, donde el objeto perseguido es la letra V. Todo lo que tenga la letra "V" parece ser objeto de especulación. Sin embargo esto es lo de menos. Lo que importa es el genio de Pynchon, su humor, su erudición, su actitud, su carácter, sus personajes tan auténticos como únicos, su deseo de mostrarnos algo oculto de una manera convincente y refrescante. El libro, sin dudas, no es fácil. Muchos datos, muchas referencias. Historia, política, filosofía, marcas de auto, de soda, de remeras, ciudades de Italia, Venezuela, Arabia, EEUU, etc. La historia salta de un punto a otro de la historia y el mundo. Yo en lo personal me hacía un "espacio" para sumergirme de lleno. Agradezco, sin dudas, cada segundo. Simplemente, gracias, Pynchon, simplemente gracias. Realizar una crítica literaria sobre Pynchon y su manera de escribir no parece fácil sin entrar en los típicos tópicos que leerás en la inmensa mayoría de páginas y blogs en los que se pretende hacer esto, una crítica. Yo procuraré no incurrir en el mismo error.V es la primera novela del autor, en los tiempos en que la escribió aún trabajaba para Boeing. Lo primero que me ha llamado la atención de esta novela es la madurez que muestra Pynchon como escritor, cuando la lees parece que estás leyendo a un autor muy versado, -cierto es que anteriormente había escrito relatos cortos, aunque no fueron publicados hasta 1984-, pero tiene un estilo muy definido, propio, original y auténtico.La novela es una auténtica fiesta de personajes, lugares, épocas, enorme derroche de imaginación y con un finísimo e inteligente sentido del humor.La novela tiene un 'eje central' protagonizado por tres personajes, Profane, Stencil y de fondo V, una enigmática mujer. A partir de ahí, comienza la explosión de luz y color apareciendo multitud de personajes, muy bien definidos y variopintos que te llevarán a vivir multitud de historias en diversos lugares y periodos de tiempo, y es que Pynchon tiene una habilidad enorme e innata para crear un sinfín de situaciones con igual número de protagonistas, misma habilidad para describirte ciudades y lugares del mundo, así podrás estar de pronto en Florencia a finales del siglo XIX, Alejandría o La Valeta en plena Segunda Guerra Mundial.Otra gran característica de V -y de Pynchon en general- es que se aprende cuando la lees, se trata de un tsunami de conocimientos y sabiduría. Como leí muy acertadamente sobre Thomas Pynchon en un blog, es una máquina perfecta input/output de conocimientos, lo que lee lo asimila y lo 'derrama' en sus novelas creando una pequeña enciclopedia soterrada en una trama.Leer a Pynchon puede gustar o no gustar pero lo que sí consiguió con esta primera novela fue la originalidad, y es que nadie podrá decir nunca de él que tiene un parecido a alguien en su forma de escribir. Thomas Pynchon sólo hay uno, es único. Segunda novela que leo de Pynchon. Dinámica y atrapante, intrigante (a su manera) y realmente entretenida. No creo que sea una obra maestra, pero si es relativamente fácil de seguir y es asequible para ser disfrutada por el público en general. Primera novela que leo de Pynchon. La verdad es que me suscitaba curiosidad esa "ininteligibilidad" de la historia que algunos le reprochan a este libro y lo cierto es que la forma de escribir de Pynchon me ha flipado y por supuesto me ha parecido densa y liosa, pero no tanto como para calificar la historia de ininteligible. Cierto que se nos transmite la sensación de lío que está atravesando la buena de Edipa, pero yo creo que fijándose un poco y leyendo con atención (y estando un poco habituado a las lecturas densas y complejas) se capta bastante bien el curso de la historia.

Libros de THOMAS PYNCHON (11)

EL ARCO IRIS DE GRAVEDAD

Calificación General:8,0

LA SUBASTA DEL LOTE 49

Calificación General:6,5

V.

Calificación General:8,7

VICIO PROPIO

Calificación General:7,6

MASON Y DIXON

Calificación General:9,0

AL LÍMITE

Calificación General:8,0

CONTRALUZ

Calificación General:10,0

VINELAND

Calificación General:9,0

UN LENTO APRENDIZAJE

Calificación General:6,8